La Empática Cuántica de Gina Bribany






Capítulo I

LA EMPATÍA HA SIDO CONOCIDA comúnmente como la posibilidad de ponerse en los zapatos del otro, comprender lo que el otro siente o experimenta, sea físico, emocional o mental. Esta perspectiva ha sido explicada desde diferentes disciplinas como la filosofía y la psicología. Sin embargo, últimos estudios de la neurología sobre cómo se manifiesta la empatía en los seres humanos revelan aspectos fascinantes sobre las conexiones neuronales en nuestro cerebro.

Este fenómeno de la empatía a nivel neuronal constituye la base de mi teoría sobre la empatía cuántica en la cual planteo la posibilidad de crear nuestro éxito y felicidad, conectando con aquello que deseamos.

El primer experimento sobre la empatía a nivel neurológico se realizó en la universidad de Parma en Italia. El experimento consistió en poner a un chimpancé frente a un cacahuate, conectado a una máquina de resonancia magnética, para observar qué sucedía a nivel neuronal. El chimpancé se encontraba tratando de abrir el cacahuate y ciertas neuronas se encendían en su cerebro; de repente un humano entró en el laboratorio y tomó unos cacahuates del otro extremo de la habitación, los abrió y se los comió. Cuando el chimpancé observó que el humano estaba haciendo lo que él estaba intentando hacer, las mismas neuronas se encendieron en el chimpancé. Al estudiar la resonancia magnética los científicos se dieron cuenta de que las neuronas que alumbraban en el cerebro del chimpancé cuando éste realizaba la acción, eran las mismas que alumbraban cuando el chimpancé veía al humano realizar la acción. En ese momento pensaron que la máquina se había dañado, pero después de varios experimentos con humanos descubrieron que así es como se produce la empatía y a estas neuronas les otorgaron el nombre de neuronas espejo. Este descubrimiento constituye uno de los descubrimientos más importantes de la actualidad, incluso muchos aseguran que las neuronas espejos harán para la fisiología lo que el ADN hizo para la biología, ayudarán a explicar y a comprender muchas habilidades mentales del ser humano y su potencial misterioso.

En la empatía observamos a otros realizando una acción y encendemos las mismas neuronas que enciende el que está realizando la acción. Es decir que la acción y la observación representan lo mismo en el lenguaje del cerebro. 

Pienso que siendo el cerebro una unidad tan inteligente, sabe lo que hace y si para el cerebro, lo que observa y lo que hace son la misma cosa, es porque así es en realidad.

Después de este primer acercamiento se han realizado múltiples experimentos entre humanos, demostrando las conexiones neuronales en la empatía.

Cuando observamos a otro ser vivo experimentando dolor, felicidad o cualquier otro sentimiento, al igual que realizando una acción, las mismas neuronas que se encienden en el cerebro de esa persona que observamos se encienden en nosotros y por eso se les llama neuronas espejo, porque reflejan las mismas conexiones neuronales en nuestro cerebro.

Sin embargo, el fenómeno de la empatía no sólo se limita a la observación. Un caso de empatía interesante ocurre cuando varios bebés se encuentran en un mismo espacio y estando cada uno en su cuna, uno de los bebés comienza a llorar; los otros bebés automáticamente comienzan a llorar también y esto ocurre como una respuesta empática.

La empatía ocurre también a nivel ideológico. Nos identificamos con quienes comparten nuestras mismas creencias y también podemos llegar a sentir empatía con las emociones de otros a través de la parte del cerebro llamada ínsula.

He encontrado un factor revelador en estos descubrimientos sobre el fenómeno de la empatía que contiene un potencial creativo invaluable.

He observado la empatía desde el punto de vista cuántico y me ha hecho llegar a la conclusión de que la empatía no sólo ocurre entre seres humanos; el fenómeno de la empatía ocurre entre dos energías, cualquiera que sea su manifestación física. Aunque los objetos no poseen neuronas, poseen partículas que se comportan de acuerdo con nuestras expectativas y ésta es otra forma de empatía que he llamado Empatía Cuántica. Esta responde al mismo principio de la empatía entre los humanos, la diferencia es que en lugar de las neuronas, los objetos poseen átomos y éstos, al igual que las neuronas, reflejan las expectativas del observador, generando el mismo efecto espejo. 

El término “cuántico” viene de la mecánica cuántica que constituye una de las últimas y principales ramas de la física que explica el comportamiento de la materia y la energía.

La empatía es un fenómeno que ocurre a todos los niveles de nuestra existencia, por eso la llamo empatía cuántica porque se manifiesta en la materia y en la energía a través de una ley de correspondencia que conecta con las cosas y también puede manifestar cosas.

Uno de los postulados de la física cuántica afirma que los electrones de un átomo pueden cambiar de una órbita a otra sin moverse a través del espacio que las separa; en un momento está en la órbita A y al siguiente está en la órbita B, aparece o desaparece y a esto se le llama “salto cuántico”. Si el electrón absorbe energía, puede saltar a una órbita superior y si libera energía, puede pasar a una órbita inferior. En palabras sencillas, un salto cuántico es un cambio de estatus de un conjunto de circunstancias a otro que ocurre de manera inmediata, como un gran salto de un punto a otro, sin fases intermedias.

Esto trasladado a nuestro día a día quiere decir que si absorbemos energía podemos saltar a órbitas superiores, vibrando con la prosperidad, la salud y la felicidad, pero si perdemos energía, podemos pasar a una órbita inferior, vibrando con la tristeza, la enfermedad y la limitación; ambos saltos pueden ocurrir de un momento a otro. No necesitamos de procesos largos y desgastantes para alcanzar el estado que queremos; la física revela la posibilidad de realizar este salto con tan solo cambiar nuestra frecuencia energética.

Así es como la empatía cuántica trasciende las barreras del tiempo y el espacio dando saltos cuánticos hacia la realidad que queremos vivir. 

Según los últimos descubrimientos de la ciencia, cuando imaginamos algo, nuestras neuronas se encienden de manera idéntica que cuando lo estamos viendo físicamente. Nuestra mente no diferencia entre lo que vemos y lo que imaginamos, las dos cosas son reales. Lo que hace que la mente no diferencie entre lo que ve y lo que imagina, es el hecho de que la mente está programada para leer energía e información y tanto las acciones en el plano físico como en el plano de la imaginación, son energía e información. Esto me llevó a desarrollar la técnica de la empatía cuántica para manifestar lo que deseamos en el plano físico.

La mente que sólo observa tiene una respuesta natural a pensar en lo que está observando y por eso se encienden las mismas conexiones neuronales. De la misma forma, la mente que sólo imagina tiene una tendencia natural a accionar lo que está imaginando. Esto ha sido observado en algunos experimentos cuando el observador en muchos casos alcanza a detectar las intenciones del sujeto observado y enciende las mismas conexiones neuronales, incluso antes de que el sujeto observado complete la acción, como si viajara al futuro, prediciendo lo que va a pasar.

Esto sitúa al tiempo en perspectiva pues elimina la necesidad de observar la acción físicamente antes de que se enciendan las neuronas en nuestro cerebro y plantea la posibilidad de obtener el mismo resultado al invertir el orden de la empatía, imaginando primero lo que queremos que suceda, para que lo que imaginamos ocurra después en el plano físico. 

El método de la visualización está siendo utilizado cada vez más en las prácticas deportivas como método de preparación, pues se ha demostrado científicamente que cuando el deportista repasa sus movimientos a través de la visualización, obtiene mejores resultados. Esto ocurre porque cuando imaginamos que corremos una carrera, que practicamos una jugada o un salto atlético, nuestro cerebro está generando las mismas conexiones que cuando la actividad se realiza físicamente y de hecho los mismos músculos que están involucrados en los movimientos se mueven idénticamente cuando lo imaginamos. Esto prepara al cerebro para que reconozca estos movimientos, haciéndolo más fácil para el deportista cuando la actividad se realiza físicamente.

Lo más interesante es que desde la perspectiva cuántica esto trasciende los confines de nuestro cuerpo físico de tal forma que cuando nos imaginamos y sentimos en prosperidad, en salud, en amor a través de la repetición, lo podemos manifestar en nuestra vida.

Estamos siendo llamados a modificar la manera como hemos venido creando nuestra realidad. Cada vez más experimentos y disciplinas confirman que no necesitamos de la acción física para poder crear lo que queremos. Estamos en una nueva era de consciencia donde se nos están brindando todas las herramientas para crear a través del poder del pensamiento. Esto no significa que nos sentaremos a esperar que las cosas sucedan sin actuar en consecuencia, la acción es importante. Lo que significa es que tus experiencias no están determinadas únicamente por tus acciones, sino también por tus pensamientos. Así que para cambiar de la pobreza a la prosperidad, no necesitas trabajar duro y sin descanso, primero necesitas conectar con la prosperidad desde tu interior a través de tus pensamientos y esto cambiará la experiencia, porque en este caso, las acciones son sólo el resultado de tus pensamientos.

Es un error pensar que puedes cambiar la realidad sólo modificando tus acciones. Esto sólo te traerá frustración y más de la misma experiencia y te dirás a ti mismo, “por qué me sucede esto si he hecho todo bien”. El error está en que has modificado el vaso, más no el contenido del vaso. Cuando modificas tus creencias sobre tí mismo y sobre cómo deben ocurrir las cosas, las experiencias cambiarán por sí solas y tus acciones serán guiadas por un nuevo esquema de pensamiento que te llevará al éxito. 

Para ayudarte a comprender cómo funciona la empatía cuántica y desarrollar la técnica iremos en un fascinante recorrido por los diferentes elementos que la componen llegando así a descubrir su potencial creativo.

Este recorrido incluye diferentes perspectivas, filosóficas, científicas, psicológicas y espirituales, las cuales me he dado a la tarea de investigar con el objetivo de demostrar que independientemente de la perspectiva el resultado es el mismo: somos lo que pensamos.




La conexión metafísica



Las neuronas son las células principales que forman el cerebro. Son capaces de transportar la corriente eléctrica de un punto a otro de este, como lo realzaría cualquier conductor eléctrico. Todas las acciones que realiza el cuerpo humano, desde un mínimo movimiento hasta un simple pensamiento, activan los diferentes circuitos neuronales localizados por todo el sistema nervioso. Esta actividad eléctrica es muy sensible, una neurona transporta una señal eléctrica de aproximadamente 125 mV. En actividades complejas las señales eléctricas se disparan a la vez, activándose los circuitos necesarios que requiere el proceso. La actividad cerebral eléctrica produce una señal magnética relacionada que puede ser recogida con sensores exteriores, para ser traducida posteriormente en las señales eléctricas de las que surge. Este proceso comúnmente lo conocemos como electroencefalograma.





Estados de consciencia:

Partiendo de un punto de actividad vital, la especie humana adulta alcanza una frecuencia cerebral entre 14 Hz y 35 Hz en estado de vigilia. Este estado implica la acción física y mental, percibiendo el ser su realidad más externa.

Cuando la frecuencia cerebral del ser humano se atenúa entre 7 Hz y 14 Hz, aparece una gran paz y tranquilidad interior. Es el estado en que se proyecta y fluye la sanación.

Con un nuevo descenso de la frecuencia cerebral entre 4 Hz y 7 Hz, el ser se encuentra en el umbral del sueño, apareciendo un estado de alta creatividad y emotividad que considera al cuerpo y mente como un todo indisoluble, manteniéndose la consciencia del individuo.

El estado de menor frecuencia cerebral se sitúa entre 0,5 Hz y 3 Hz, apareciendo cuando dormimos sin sueños, en el descanso con amnesia, o en la hipnosis profunda. En este estado carecemos de consciencia.


Proceso de la información:

Los estudios científicos más recientes asumen que tenemos dos formas de procesar la información a través de los dos hemisferios cerebrales.

La actividad del hemisferio central derecho (HCD), rige la parte izquierda del cuerpo, percibe de forma subjetiva, y es la parte intuitiva donde aparece la emoción y el sentimiento. Entiende al ser de una forma multidimensional, es el espacio donde reside la ética y la síntesis, siendo su orden cualitativo y espacial.

La actividad del hemisferio central izquierdo (HCI), rige la parte derecha del cuerpo, percibe de forma objetiva, es casual, razona, contrasta y enjuicia. Entiende al ser de una forma unidimensional, define y analiza, siendo su orden cuantitativo y temporal.

El hemisferio (HCI) con las cualidades que hemos referido, crea el tiempo, que implica la dualidad, (dentro - afuera), (yo - otros), (causa - efecto) etc. Esta dualidad excluyente es el principio de cualquier enfermedad. La somatizacion en sí, es un proceso que intenta expulsar la enfermedad del cuerpo.

Cuando razonamos no accedemos al hecho concreto que sucede, más bien interpretamos mentalmente la situación. La razón es un juicio pero no un sentimiento. La razón evalúa libremente las partes que ha separado del todo, recomponiéndolas para darles una nueva valoración. El (HCI) en estado de vigilia no nos muestra la realidad, más bien una forma de percibir esta. Esta acción nos puede resultar muy útil, pero que en ningún caso podemos considerar la única forma válida de percepción.

En caso de emergencia , cada uno de los hemisferios puede asumir parte de las funciones del otro, pero no ejecutarlas con la misma precisión que el hemisferio cerebral principal.


Estados alterados de consciencia:

Los estados alterados de consciencia nos abren la percepción del plano espiritual. Esto se logra a través del hemisferio derecho (HCD) donde se encuentran los niveles más perceptivos de la mente subconsciente. Aquí residen las percepciones más sutiles de las cuales no somos generalmente conscientes.


Medición radiestésica de un sanador trabajando


El (HCD) funciona de forma acausal, interiorizando el conocimiento para desarrollar la expansión de la consciencia. Este hemisferio es un peldaño más en el proceso de complejidad del ser humano.

Entrando en frecuencia alfa mediante relajación, podemos relacionar el Yo superior con la fuente espiritual. La fusión en el plexo solar de la energía sagrada con la energía telúrica, da lugar a la conexión metafísica. En este estado natural del ser humano fluye la sanación.

La conexión metafísica es importante e indispensable entre los mundos de la materia y del espíritu. La Magia es la ciencia y el arte de usar estados alterados de consciencia para causar cambios que ocurran en conformidad con la voluntad. Voluntad que debe respetar en todo caso el libre albedrío.


Configuración arquetípica del sello de Salomón


Los estados elevados de conciencia, conducen al ser humano al escalón más excelso de la pirámide evolutiva.

Extraído   http://jcpbaeg.blogspot.com.es/2014/11/la-conexion-metafisica.html

George Ivánovich Gurdjíeff - Fundador de la escuela del Cuarto Camino


Fue un maestro místico, escritor y compositor armenio, quien se autodenominaba "un simple Maestro de Danzas"
Nace en  enero de 1866. Gyumri, Armenia. Muere el  29 de octubre de 1949, Neuilly-sur-Seine, Francia



Es mucho lo que se ha escrito sobre el cuarto camino, por lo tanto nos vamos a referir de manera sintética a ciertos elementos fundamentales de esta enseñanza,  que en nuestra opinión se deben resaltar. Además,  es importante destacar que algunas ideas presentadas en este documento son una interpretación muy particular de  los conceptos originales del cuarto camino.

El  cuarto camino es una enseñanza de tipo metafísico (ya que el objetivo principal de su estudio es el EspírituEl Ser interno y este no forma parte del mundo físico tridimensional) Esta enseñanza fue difundida ampliamente en occidente por el armenio G. I. Gurdjieff y básicamente promulgaba que el objetivo más trascendente del ser humano es DESPERTAR o alcanzar el auto-conocimiento  y que la mejor manera  de desarrollar ese  autoconocimiento, una vez que se ha despertado, es por medio del  RECUERDO DE SI o sea por medio de  la atención de Sí mismo, del recuerdo constante del  verdadero YO, sin olvidar que ese Yo verdadero de cada persona es su espíritu, que a su vez es un fragmento del ETERNO o Dios Absoluto.

Indiscutiblemente ese tipo de enseñanza no era nueva  ni fue inventada por Gurdjieff. Algunos Investigadores nos indican que los elementos básicos del Cuarto Camino tiene sus orígenes en enseñanzas que provienen de Asia, del cristianismo esotérico, del budismo Tibetano, otros. Por lo tanto, como lo expresa el mismo Gurdjieff, esta enseñanza no  le pertenece a nadie, no se ha originado de nadie y no acabará con la muerte de nadie.

Recordemos que Sócrates, el gran filósofo ateniense del siglo IV a.C.,  nos decía “Hombre, conócete a ti mismo y conocerás al universo y a los Dioses”.  Con el fin de saber algo, el hombre debe primero conocerse a sí mismo.
Cuando se estudian las enseñanzas de Los Upanishads (libros sagrados hindúes) no percatamos que eran un tratado completo sobre el SER INTERNO, de Dios, que según ellos debía ser recordado frecuentemente  y traído al frente.

El Sufismo, habla de la “Remembranza de Dios” pero no se refería a un Dios externo y lejano que es el que normalmente se inculca en la mayoría de las organizaciones religiosas tradicionales y  que en última instancia impide que los humanos nos relacionemos con el fragmento divino interno de cada quien, para alcanzar una verdadera evolución espiritual.

Jesús enseñaba en el evangelio de Tomás   “3. Dijo Jesús: «Si aquellos que os guían os dijeren: Ved, el Reino está en el cielo, entonces las aves del cielo os tomarán la delantera. Y si os dicen: Está en la mar, entonces los peces os tomarán la delantera. Mas el Reino está dentro de vosotros y fuera de vosotros. Cuando lleguéis a conoceros a vosotros mismos, entonces seréis conocidos y caeréis en la cuenta de que sois hijos del Padre Viviente. Pero si no os conocéis a vosotros mismos, estáis sumidos en la pobreza y sois la pobreza misma».”

Son incontables los referentes de todas la épocas que hacen referencia a la importancia del despertar, del auto conocimiento y de la auto-observación consciente. Para más información sobre este tema recomendamos ver el boletín # 67 de esta página Web, o haga un clic AQUI

El conocimiento de Sí mismo, no es un  proceso de tipo egocéntrico, ya que el Ser Interno, El Espíritu, de cada quien no es parte de la estructura psicológica de los humanos, no es una entidad egóica, por ello, para empezar a conocerse, el hombre  debe primero  DESPERTAR y luego recordarse frecuentemente o de estar consciente regularmente que en realidad es un espíritu encarnado en un cuerpo físico. La falta de reconocimiento del hombre de la importancia de su Ser Interno, para que este empiece a conocer el origen de la conducta o del desempeño de su estructura psicológica, es la base de su ignorancia de todo. Con el fin de saber algo el hombre debe primero  recordarse y reconocer la importancia de su verdadero Ser existencial o de su verdadero YO, para luego  poder desarrollar el sentido de la auto observación y la observación consciente.

Cuando el hombre despierta o activa su Ser interno, el sentido de la observación consciente adquiere una característica muy especial. Resulta que el Ser interno Activo o despierto se convierte en el  Observador de todo lo que observa, manteniendo una separación constante entre el observador y lo observado, para no identificarse, aprobar o rechazar lo que se está observando. El Ser Interno Despierto, Observa no  solo el mundo exterior, sino además  todo el conjunto de pensamientos, deseos, recuerdos, fantasías, agresividad, charla interior, otros, que procesa  la estructura psicológica (mente o embrión de alma) que ha creado el organismo biológico donde se encuentra el espíritu encarnado.

Gurdjieff le llamo “El cuarto camino” para diferenciarlo de otros caminos, que indirectamente pueden llevar igualmente al hombre a despertar, ellos: son el camino del yogui, del monje y del faquir. Sin embargo, la experiencia de muchos indica que estos sistemas producen resultados muy limitados, de manera tal que solo un porcentaje pequeño alcanza el objetivo deDESPERTAR.

Algunas escuelas esotéricas señalan que la doctrina del cuarto camino no necesariamente le sirve a todas las personas por igual, por lo tanto, cada persona debe encontrar   el camino que más le sirva, para despertar del ensueño de la conciencia de vigilia en la que se encuentra atrapado. En nuestra humilde opinión consideramos que la doctrina del DESPERTAR es más sencilla y práctica que cualquiera de las otras técnicas que enseñan los otros caminos y si le puede servir a todo el que intente  practicarla con seriedad y esfuerzo continuo

Tengamos en consideración  que  una simple introspección bien orientada puede producir el DESPERTAR y  esta acción de hacerse auto-consciente la puede realizar una persona  de cualquier rincón de planeta o del universo, independientemente de su nivel cultural, social o raza.

Lo fundamental en la doctrina del cuarto camino es EL DESPERTAR y practicar con frecuencia el RCUERDO DE SI. Los complementos recomendados por Gurdjieff en su  sistema de orientación con los  múltiples ejercicios sugeridos, indiscutiblemente  son  de un valor relativo, siempre y cuando no provoquen una distracción del objetivo fundamental delDESPERTAR.

En el  libro “Fragmento de una enseñanza desconocida”, su autor, Ouspensky, uno de los principales discípulos de Gurdjieff,  decía:
“El cuarto camino no exige que uno se retire del mundo, no exige que uno abandone todo aquello por lo que se ha vivido hasta el momento. Este camino comienza mucho más lejos que el del yogui. Esto significa que es necesario estar preparado para entrar en el cuarto camino, y que esta preparación, que es de las más serias, tiene que adquirirse en la vida ordinaria y aplicarla sobre muchos lados diferentes. Además, el hombre que quiere seguir el cuarto camino tiene que reunir en su vida condiciones favorables al trabajo, o por lo menos aquellas que no lo hagan imposible; porque es necesario convencerse de que tanto en la vida exterior como en la vida interior, ciertas condiciones pueden constituir barreras infranqueables para el cuarto camino. Añadamos aún, que este camino, contrariamente al del faquir, al del monje y al del yogui, no tiene una forma definida. Ante todo, tiene que ser hallado. Es la primera prueba. Y es difícil, porque el cuarto camino es mucho menos conocido que los otros tres caminos tradicionales. Son numerosas las personas que nunca han oído hablar de él o que niegan simplemente su existencia o aun su posibilidad”.

Todo fragmento espiritual que se separa del Dios Absoluto o del Eterno para participar de manera individualizada en la gran fiesta de la creación, debe evolucionar en experiencias, conocimiento, abstracción, pero sobre todo debe cumplir, de manera consciente,  con la función o la misión que  le  fue asignada.  Esta responsabilidad solo la podrá cumplir de manera consciente, cuando estando encarnado en un organismo biológico, DESPIERTA o se hace auto-consciente.

Una vez que el ser humano DESPIERTA  y empieza a servir a los demás conscientemente, es cuando realmente comienza a vivir o disfrutar del don de la vida en todo su esplendor, ya que  esa es la verdadera razón de la existencia de todo individuo. Siempre deberíamos tener en cuenta que la vida es para disfrutarla no para sufrirla, cada quienes su propio juez verdugo o benefactor.

Según Gurdjieff el propósito del cuarto camino  es elevar al  humano a un nivel sobre-humano, llevarlo  de lo físico a lo supra físico, de  lo material a lo espiritual, pero no por medio de los métodos tradicionales religiosos, sino a través de una experiencia directa e individualizada.  La mente inferior vinculada al cuerpo físico humano tiene limitaciones claramente conocidas, que le impiden evolucionar de manera trascendente y cualquier sistema que intente empujar al hombre  más a alláde sus capacidades físicas, debe intentar hacerlo superando las  limitaciones del hombre físico. Ese más Allá está relacionado con el DESPERTAR  y luego con el desarrollo de su mente superior, según Gurdjieff, o mente analítica según otros referentes, que es la fuente del conocimiento objetivo.

El DESPERTAR  es un camino práctico y garantiza un cambio de conciencia efectivo, no se trata  tanto  de conocer más, sino ser más. El DESPERTAR  requiere de una práctica constante y de hecho es un procedimiento breve para pasar rápidamente de la teoría a los hechos. Para realizar un acto de Recuerdo de Si, solo se necesita haber despertado, solo se debe haber comprendido y tener la certeza  de que somos espíritu puro. Sin embargo para lograr un estado de conciencia prolongado, se requiere de un mayor esfuerzo, para poder superar ese impulso inicial de  un simple deseo pasajero de querer recordarse, que muchas veces es ayudado por un despertador asociativo(3)

Los actos de recuerdo de Si,  pueden  ser esporádicos y muy breves, sobre todo si son el producto de un despertador asociativo,    (Se pueden ejecutar una vez al día o cada tres días y con una duración de solo  unos segundos) pero tienen una importancia trascendental.  Los estados de recuerdo de Si, son acciones más  prolongadas (podrían tener una duración de  más de   treinta segundos continuos y ser ejecutados varias veces al día) que colocan al despierto en un nivel de progreso casi irreversible.

A continuación varios párrafos tomados de la página web  Gurdjieff enseña hoy (5)
“El recuerdo de sí es el puente entre el conocimiento y la sabiduría. Es un esfuerzo para ser consciente de uno mismo en el presente, para apartarse de cualquier mundo imaginario en el que uno pueda haber escarbado hace un momento y regresar a la realidad. Es una reorganización interior instantánea: es empujar los pensamientos y emociones mecánicas hacia el fondo mientras que se trae el propio Ser Superior hacia el frente, recordándose a Sí Mismo. Gurdjieff introdujo el recuerdo de síen una de sus primeras conversaciones con sus estudiantes rusos, invitándolos a compartir lo que habían visto al observarse.Ninguno había notado el hecho más importante: que no se recordaban. Ouspensky, quien narra esta discusión, comienza a experimentar con el recuerdo de sí y luego se da cuenta de su rol clave en el trabajo hacia la consciencia” 
 “El Cuarto Camino es un camino, un sendero. Como tal, solo puede ser comprendido por experiencia. El “sistema” como lo presentaran Gurdjieff y Ouspensky, es una expresión del siglo XX del Cuarto Camino, pero no es el camino en sí.  Ayuda a describir este “camino” a gente que no esté familiarizada con él, bosquejando su carácter y su sabor. Es una distante aproximación de la cosa en sí misma.  Por cierto, Gurdjieff y Ouspensky fueron con el tiempo forzados a abandonar el sistema que tan completamente enseñaran, una vez que encontraran a sus estudiantes perdiéndose en caprichosos debates sobre el sistema a expensas de cruzar el camino. El sistema comenzó a bloquear el camino.”
“En consecuencia, sería en vano agregar explicaciones más sistemáticas a los volúmenes ya existentes sobre el sistema. Sin embargo, mucho menos se ha expresado sobre el Cuarto Camino como tradición, como influencia. No obstante, para uno que cruza el Cuarto Camino, es crucial que gradualmente se familiarice con la gran tradición de la que es parte; que se conecte con algo mayor y superior que él mismo. Abajo, expondremos sobre la tradición del Cuarto Camino, de la que Gurdjieff era un agente del siglo XX”
“No puedo decir que este sistema sea el Cuarto Camino; el Cuarto Camino es muy grande y este sistema es muy pequeño en comparación…” –Del Cuarto Camino, p.106


Extraído: http://www.losdespiertos.com/cuarto%20camino.html

A continuación presentamos algunos enlaces relacionados:

1-Obsevemos lo que nos dicen los referentes más destacados de nuestra historia sobre el auto-conocimiento y el proceso de auto observación consciente. Haga un clic  AQUI   o Buscar el boletín 67 de esta pagina Web.
2-Como activar la  mente analítica. Haga un clic  AQUI
3-Lista de despertadores asociativos. Haga un clic AQUI
4-Analogía del Cochero.  Haga un clic  AQUÍ o ver boletín  #  23

5-Ver Gurdjieff enseña hoy:    http://ggurdjieff.es/el-cuarto-camino/

LA CONCIENCIA DEL CORAZÓN





La consciencia del corazón De la memoria celular a la mente no local
Tomás Álvaro

¿Tenemos conexiones no locales con otras mentes y con el entorno? ¿Tiene el corazón capacidad para almacenar información? ¿De dónde saca el corazón su capacidad de amar? ¿Qué quiere decir que sentimos con el corazón? ¿Puede nuestro corazón comunicarse con otros? ¿Puede el corazón pensar?

1. La inteligencia del corazón


Toda cultura ancestral procedente de cualquier punto del planeta considera de forma invariable al corazón como fuente de sabiduría, conocimiento espiritual, pensamiento y emoción profundas. Ahora la ciencia moderna no quiere ser menos y viene a decirnos que existen evidencias que demuestran que esas verdades son algo más que simples metáforas.
La idea del corazón como una simple bomba impulsora está ya hoy completamente desfasada. El corazón se contrae en sístole pero también rota y produce una torsión de la estructura del miocardio que es debida a la despolarización coordinada de los cardiomiocitos, los cuales producen una corriente eléctrica detectable mediante el electrocardiograma y un campo magnético que se extiende por todo el cuerpo y fuera del mismo.
El vórtice de flujo que emana del ventrículo izquierdo es un ciclón portador de una onda térmica, una onda sonora, una onda de presión y un campo electromagnético, que hacen del corazón un generador de bioinformación. Debemos la comprensión del corazón como un órgano sensible a los trabajos de los doctores Gary Schwartz y Linda Russek que propusieron la hipótesis de la naturaleza infoenergética del corazón, esto es, una fuente de energía portadora de información (o lo que es lo mismo, memoria), comunicada por el corazón al resto del organismo en cada uno de sus latidos.
Si partimos de la base de que somos seres integrales, holísticos, y no el conjunto de las piezas de un reloj armado en forma de cuerpo humano, entonces que cada célula guarda su propia memoria celular como parte de un holograma integrado e inteligente, cae por su propio peso. Cada punto del holograma contiene la información completa que el organismo ha almacenado a base de conocimiento y experiencia. Cuando hablamos del organismo como un todo nos estamos refiriendo a un holograma constituido por varios cuerpos superpuestos, el físico, el energético, el emocional, el mental y el espiritual, información que se refleja en cada una de las células que lo constituyen y en el estado de salud y enfermedad del individuo. Cada célula es una pequeña batería que almacena su parte correspondiente de estructura física, de bioenergía, de memoria emocional y de campo de información mental.
La información genética reside en el material genético del núcleo celular. Dicha información está disponible de forma potencial en el campo energético celular, dispuesta a revelarse en el momento en que sea activada por el patrón vibratorio correspondiente. Esta información constituye la fuente de la memoria celular, almacenada en estos archivos biológicos que son nuestras células y tejidos. Su activación movilizará un tsunami de moléculas, neurotransmisores y hormonas que recrean el estado emocional o la sensación física asociada al estímulo inicial.
La neurocardiología nos explica que el corazón tiene su propio pequeño cerebro, de unas 50.000 neuronas, que le otorgan la capacidad de sentir y pensar de forma independiente, de procesar información y tomar decisiones desde el corazón, e incluso de mostrar un tipo de aprendizaje y de memoria. El corazón es realmente un sistema inteligente, además de ser una auténtica glándula hormonal, secretora de oxitocina, la hormona del amor; un campo emisor de energía e información electromagnética; y un emisor de señales determinantes de la experiencia emocional, la percepción y el funcionamiento cognitivo, además de la intuición.
La teoría de sistemas nos muestra como un sistema integrado da lugar a un orden emergente diferente a la suma de las partes que lo componen. En el cuerpo humano se produce una exacta representación de ese concepto, que resulta del acoplamiento del conjunto de órganos que lo componen. Cada uno de los órganos representa un oscilador biológico que marca su ritmo en la orquesta que produce la sinfonía de todo el organismo y basta con que un órgano desentone para que la composición pierda su armonía. Además del propio latido cardiaco, procesos rítmicos son el ritmo digestivo, respiratorio y hormonal, los patrones de tensión muscular, especialmente facial, la onda de líquido cefalorraquídeo o el funcionamiento de los centros cerebrales, como el tálamo o la epífisis. Cada órgano pone su nota en la melodía del organismo entero, pero el oscilador maestro que lleva la batuta es el corazón, que marca el ritmo de todos los miembros de la orquesta, convirtiéndose así en señal de identidad de cada persona, porque no hay dos corazones que canten la misma canción.
Así pues, en realidad el corazón actúa como una vibración palpitante y tierna que usa su energía para mecer las células de la sangre como si los brazos de una madre amorosa se tratara. El corazón posee su propio sistema nervioso intrínseco que representa la estación central de control del funcionamiento de todo el cuerpo y este pequeño cerebro está compuesto por una jerarquía neuronal cuyo funcionamiento se atiene a las leyes del caos, en ausencia de una causa obvia conocida que determine su efecto, mostrando por tanto propiedades emergentes.

2. ¿Corazón… o cerebro?


El hilo de nuestra vida se ancla en el centro de nuestro ser, por eso es allí donde se encuentra nuestro corazón, en el centro, como un Sol en su sistema, lleno de voluntad y poder, infatigable, irradiando su calor hasta los confines de su sistema, a través de los rayos de la red vascular. Pero vayamos por partes y ordenemos las piezas. Si el corazón dirige la sinfonía de la vida, ¿dónde guarda su batuta? Y si el cerebro baila al son, ¿cómo recoge el abrazo del corazón?
Embriológicamente el corazón vino primero. Hacia el día 20 de gestación, en unas pocas horas, un pequeño acúmulo de células comienza a batir al unísono y establece el que será el ritmo de nuestra vida que resonará ya sin parar hasta el mismo momento de nuestra muerte. Haciendo números, tu corazón late más de cien mil veces al día; impulsa unos 7 litros de sangre por minuto, o sea más de 400 litros por hora, y lanza su potencia sobre una red vascular de miles de kilómetros. Su fuerza eléctrica es 60 veces más poderosa que la del cerebro, y su potencia magnética puede medirse a más de cinco metros, y es cinco mil veces mayor que el órgano que le sigue a continuación, el cerebro. Ello hace del corazón el oscilador maestro, tal y como se han encargado de demostrar los investigadores del Hearth Math Institute, estudiando su efecto armonizador sobre el tallo cerebral y el resto de órganos del cuerpo. Su sensibilidad inmediata a las emociones es bien conocida por todos nosotros, reaccionando ante un susto, un acceso de rabia o un abrazo delicioso, así como sus cambios inmediatos ante un sentimiento de empatía o amor incondicional.
La ciencia ha demostrado que es posible registrar el electrocardiograma de una persona en el encefalograma de otra, siempre que esas dos personas estén en cercanía próxima y sobre todo si se encuentran en contacto físico. Además el estado emocional de la persona se refleja en el campo electromagnético generado por el corazón y los campos de muy baja frecuencia similares al campo electromagnético cardiaco, son capaces de afectar los tejidos vivos en condiciones de laboratorio, de cambiar la estructura molecular del agua o de producir cambios conformacionales en el ADN. Es decir, que los campos electromagnéticos son detectables por los sistemas biológicos a nivel celular. Y el contacto físico juega un importante papel a la hora de facilitar el intercambio de energía, como ocurre al darnos un abrazo. Una auténtica maravilla ocurre cuando un corazón se sitúa junto a otro y ambos sintonizan y acaban latiendo a la vez y compartiendo su ritmo. Por eso el corazón del abuelo ordena el patrón rítmico del nieto, o la madre el de su hijo, o la pareja de enamorados tiende al unísono. Y si se colocan varios corazones juntos también llegarán a compartir el ritmo, como le pasa a los músicos de una orquesta. La sincronización entre corazones nos habla de su poder de adaptación y de resonancia con el ritmo más armónico, lo que establece las bases de la relación del terapeuta con su paciente. Nuestras emociones tienen la capacidad de contagiar a aquellos que se encuentran en nuestra cercanía, y las emociones de los demás nos afectan a nosotros mismos. Muchas técnicas de sanación se basan en un intercambio de energía de algún tipo entre las personas. El corazón es el principal candidato como fuente de esa energía electromagnética cuando las personas se tocan o se encuentran cerca (sin embargo en el caso de la sanación a distancia, la energía ha de tener otras características, pero esto lo veremos más adelante).
El corazón gobierna el flujo de energía de todo el organismo, es el emperador del cuerpo humano y todos los órganos son sus subordinados. Su energía se refleja en el brillo de los ojos y en el calor de las caricias y su actividad influye sobre el tallo cerebral y los automatismos vitales, el sistema límbico y sus emociones, el sistema inmune y su función defensiva o la capacidad de aprendizaje y de memoria. Todo ello ha sido probado científicamente. Pero por lo mismo, la alteración de su ritmo coherente produce numerosos cambios en el organismo, incluyendo un importante deterioro de la capacidad cognitiva o un incremento del riesgo de demencia y enfermedad de Alzheimer. Y existe una asociación bien documentada entre desórdenes afectivos como la ansiedad o la depresión y la enfermedad cardiovascular. El aislamiento social induce cambios de comportamiento, cardiacos y alteraciones del sistema nervioso autónomo. En esa conexión cerebro-corazón, el corazón envía más señales al cerebro que el cerebro al corazón. Esas señales tienen un efecto significativo sobre el funcionamiento cerebral, afectando la atención, la percepción, la memoria y hasta la capacidad de resolución de problemas. Diferentes patrones de actividad cardiaca tienen distintos efectos sobre la función emocional y cognitiva cerebral. Durante el estrés y las emociones negativas el patrón del ritmo cardiaco se desordena. Entonces su señal sobre el cerebro inhibe la función cognitiva, lo cual limita la capacidad de pensar con claridad, recordar, aprender, razonar y tomar decisiones, propiciando en cambio los actos impulsivos e imprudentes que se toman bajo el efecto del estrés o de la agresividadad. Los patrones estables y coherentes facilitan la función cognitiva y refuerzan los sentimientos positivos y la estabilidad emocional. Es decir, que el patrón de ritmo cardiaco no solo produce beneficios sobre el funcionamiento de los órganos y sistemas biológicos, sino que además afecta la percepción, el pensamiento, el sentimiento y la función mental.
Y ahora vamos intuyendo como se construye la red de comunicación que une cuerpo, emoción, mente y espíritu. Realmente la consciencia emerge de la función conjunta de cerebro y corazón. Pero el corazón tiene su pequeño propio cerebro, y es un órgano sensorial y un sofisticado centro de recepción y procesamiento de información. El cerebro del corazón tiene capacidad de aprendizaje, memoria y toma de decisiones de forma independiente del cortex cerebral. El patrón de información propio de cada estado emocional es comunicado a cada célula del cuerpo a través del campo electromagnético cardiaco, que actúa como una onda portadora de información. Informar es dar forma a la actividad y la función de todos los órganos del cuerpo y las ondas de energía portan patrones de organización de forma y función, de salud y enfermedad, de pensamiento y emoción, y todo ello empaquetado en una sola onda: la onda bioenergética y amorosa que parte de cada latido del corazón.
Y estamos ya preparados para desgranar los detalles de la coherencia cardiaca, la coherencia mental y la coherencia vital, para comprobar entonces que nos encontramos en el borde de un precipicio donde se acaba el terreno conocido de la materia y la percepción, que nos invita a saltar hacia unas ondas más sutiles, volar desde la materia densa a la energía vibrante e inasible de la onda translúcida de la información y la todavía más transparente y emergente onda de la consciencia.
El contacto físico juega un importante papel a la hora de facilitar el intercambio de energía, como ocurre al darnos un abrazo.


3. El sistema nervioso autónomo vegetativo


El organismo no es la suma de una multitud de procesos unitarios, sino una unidad global vibrando al unísono desde lo más periférico a lo más central y viceversa. Hace mucho tiempo que los investigadores descubrieron que el sistema nervioso central (SNC) regula el funcionamiento del corazón. Y ya Darwin reconoció al corazón y al cerebro como los dos órganos más importantes, así como su acción y reacción mutua a través del nerviopneumogástrico, también conocido como nervio vago. Luego vino el reconocimiento del sistema nervioso autónomo (SNA), conformado por dos fuerzas de significado opuesto, el simpático y el parasimpático, que actúan sobre diferentes órganos. Y más tarde se reconoció la existencia de circuitos bidireccionales entre los órganos periféricos y las estructuras cerebrales, cerrando el círculo sobre el punto inicial.
Debemos contar algo del SNA para poder entender lo que viene después. Es el sistema que recoge la información de las vísceras y en principio es involuntario, aunque ya veremos que esto es relativo. Sus principales centros de comando se encuentran sobre la médula espinal, el tallo cerebral y el hipotálamo, desde donde conduce las órdenes del SNC hasta los órganos periféricos. Entre sus funciones se cuenta el control de la frecuencia cardiaca y la fuerza de la contracción. De sus dos ramas, el sistema nervioso simpático (SNS), a través de la noradrenalina, está implicado en actividades que suponen un gasto energético, mientras que su contrapartida la constituye el sistema nervioso parasimpático (SNPS), a través de la acetilcolina, encargada de conservar energía. Ambos sistemas mantienen un fino equilibrio que permite los ajustes de la vida diaria, desde que nos levantamos de la cama por la mañana y nos baja la sangre a los pies, hasta la activación muscular, respiratoria y cardiaca que nos permiten alcanzar el autobús que se nos escapa.
Los ejercicios de respiración armonizan el SNA. Y la generación de emociones y pensamientos felices y agradables conducen al equilibrio entre SNS y SNPS, así como el entrenamiento con técnicas de relajación o meditación. Es precisamente este equilibrio el que facilitará una función cardiaca armónica. Pero además, y aquí viene lo bueno, las emociones primarias están relacionadas con la función autonómica, y la función del SNA está relacionada con el comportamiento. Es decir, que el SNA aporta el substrato neurofisiológico de los estados emocionales y afectivos.
El abrazo armónico entre corazón y cerebro genera ese estado de bienestar propicio a la maravilla del amar y ser amado

4. Variabilidad de la frecuencia cardiaca


Nuestro corazón no funciona como un reloj… afortunadamente! En el corazón sano el intervalo entre dos latidos cardiacos no dura siempre igual. Como en las notas musicales, es el silencio entre dos latidos del corazón el que marca el ritmo de su canción. Las diferencias entre sucesivos latidos producen los cambios de ritmo cardiovascular, que constituyen patrones de repetición, la señal de identidad de cada corazón. La variabilidad de la frecuencia cardiaca (VFC) viene dada por el SNA, a través del SNS que actúa como acelerador de la frecuencia cardiaca y el SNPS (el vago) que actúa como freno. El parasimpático aumenta la duración entre intervalos, mientras que el simpático acelera el corazón y por tanto disminuye dicha duración. La VFC es un indicador de salud y del estado de forma física, reflejando nuestra capacidad de adaptarnos eficazmente a los estímulos del entorno, además de constituir un predictor de primer orden del estado de salud y enfermedad, desde enfermedades cardiovasculares hasta metabólicas.
La irregularidad de la longitud de los ciclos cardíacos no solo refleja la habilidad del sistema cardiovascular para adaptarse a las diferentes situaciones cotidianas sino también cuanto la persona se ama a sí misma. Al respirar de forma lenta o agitada, ante un sobresalto o la impresión repentina causada por el miedo, todos ellos constituyen estímulos que nuestro hipotálamo recoge y envía a través del SNA hasta concretarse en nuestra VFC. Como el sistema es tierno y flexible, su capacidad de jugar, de subir y de bajar, es tal que la VFC es continuamente cambiante y flexible en cada momento de la vida. En especial la respiración, cuando se hace rítmica, comparte su vibración con el corazón, produciéndose un estrecho abrazo entre los dos. Esto es lo que ocurre al impartir un tono rítmico a la respiración, como sucede en la relajación, la meditación o simplemente al recitar textos religiosos o mantras, en que el parasimpático ofrece su lento canto en la espiración y el simpático acelera la marcha en la inspiración. Existe mayor VFC en individuos más impulsivos y menor cuando se hacen trabajos de atención mental, con estabilización del latido cardiaco durante tareas que requieren demanda de atención. Pero con el envejecimiento, la inflamación o la enfermedad cardiovascular, la estructura se oxida y la VFC se va haciendo rígida y monótona, sin posibilidad de adaptación, hasta hacerse una caricatura seria y severa de lo que fue.

A través de la VFC es posible monitorizar los diferentes patrones rítmicos cardiacos. Estos se corresponden con los correlatos fisiológicos de los diferentes estados emocionales y mentales del individuo. La dinámica de la variabilidad cardiaca es particularmente sensible a los cambios de estado emocional, de manera que emociones negativas y positivas pueden ser reconocidas a través de su patrón particular de VFC, independientemente de la frecuencia cardiaca. Emociones negativas como ira, frustración o ansiedad se acompañan de ritmos cardiacos desordenados que indican una escasa sincronización en el balance SNS/SNPS. Emociones positivas como agradecimiento, amor o compasión se asocian a patrones coherentes altamente ordenados.

5. Coherencia cardiaca


El latido cardíaco coherente marca el ritmo de funcionamiento de todos los procesos de la fisiología del organismo, como la respiración o la tensión arterial. El abrazo armónico entre corazón y cerebro genera ese estado de bienestar propicio a la maravilla del amar y ser amado, o simplemente sentirse bien. Es unir la energía de la tierra con la del cielo, y encontrarse en el medio en ese potente nudo de marinero, que se encarna en el músculo cardiaco y reparte energía, sonido, vibración y luz gratis para todo el organismo. Gratitud hasta el punto de darlo todo y no quedarse con nada. Gratuidad hasta vaciarse del todo en cada latido, tal vez al comprender que sin su entrega total sus días o sus horas estarían contadas. Es de esa entrega generosa precisamente de donde nace su máxima potencia, es la entrega en cada latido del momento presente, el único instante existente en el universo del tiempo.
Para desentrañar el proceso de la coherencia, si desarmamos la maquinaria comprobaremos como el tallo cerebral, nuestro cerebro reptil, asiento de automatismos e instintos, vibra de manera armónica en estado de coherencia con el cerebro emocional, nuestro sistema límbico o cerebro mamífero, que no pierde el compás del baile con el córtex cerebral o cerebro humano en dicha situación. Pero si profundizamos un poco más y seguimos desarmando el mecanismo veremos como el latido del tallo cerebral baila a su vez con la armonía que recibe de esa vibración electromagnética cinco mil veces más potente que la cerebral: el motor cardíaco, la fuerza electromagnética más potente del organismo.
El tipo de funcionamiento fisiológico que se asocia a la experiencia de emoción positiva se conoce como coherencia fisiológica. En ella se producen una serie de fenómenos relacionados, en que los diferentes subsistemas del cuerpo se sincronizan y resuenan de forma armónica básicamente a través de un aumento de sincronía entre las dos ramas del SNA, el simpático y el parasimpático. Este modo de funcionamiento se refleja en el corazón a través de la coherencia cardiaca, un patrón suave en forma de ondas que suben y bajan de manera armónica en el rango de baja frecuencia del espectro de VFC. Fisiológicamente esto se traduce en una serie de beneficios para el sistema que incluyen un aumento en el nivel de eficiencia energética del sistema, así como aumento de la estabilidad emocional y mejor función cognitiva.
Aunque la coherencia fisiológica es un estado natural que puede ocurrir de forma es- pontánea, asociada a estados emocionales positivos o durante el sueño, lo cierto es que es rara la observación de episodios espontáneos sostenidos. Diversos métodos respiratorios rítmicos pueden inducir coherencia, pero el mantenimiento de ritmos respiratorios profundos y estables más allá de un minuto es difícil para la mayoría de las personas. Sin embargo es posible conseguir periodos prolongados de coherencia induciendo activamente estados emocionales positivos, que consiguen de forma natural la emergencia de un estado de coherencia fisiológica. Al enfocar la atención sobre el corazón, o la zona del pecho y generar de forma intencional una emoción positiva, de agradecimiento o amor, entonces la VFC se hace más ordenada y coherente. Esto es especialmente interesante en la relación entre terapeuta y paciente y justifica la necesaria alineación que muchas técnicas de sanación prescriben a sus practicantes antes de tomar contacto con el paciente, preparando el camino a un intercambio de energía positivo que facilite la sanación. Al adoptar una actitud sincera de cuidado y de curación, de compasión y amor incondicional, el terapeuta incrementa el nivel de coherencia de su campo cardiaco que intenta transmitir a cada célula del cuerpo de su paciente.
La pérdida de equilibrio armónico y de la coherencia cardiaca se traduce ipso facto en la disociación del estado fisiológico entre corazón y cerebro, con caída de potencia energética, inestabilidad emocional y desequilibrio mental, al desplazar su efecto sobre el tronco cerebral y de ahí al sistema límbico y al córtex cerebral. Y el efecto continuará su camino a través de hormonas y neurotransmisores que regarán ahora al azar y a destiempo células y órganos, y el SNA producirá un funcionamiento caótico sobre lo que antes fue una ordenada orquesta de aprendizaje vital.
El ritmo cardiaco vehicula a nivel fisiológico eficiencia y armonía a los órganos del cuerpo, y a nivel psicológico una reducción del diálogo interno y percepción de estrés, un aumento en el control emocional y un aumento en la claridad mental, y discernimiento intuitivo. Es decir, la coherencia psicofisiológica facilita la función de la consciencia. Emociones positivas mantenidas producen coherencia psicofisioógica y sincronización entre el corazón y el cerebro, que se asocian a mayor estabilidad emocional y conexión espiritual. Y permite el insight para encontrar la solución al problema, una creatividad plena y fluida, armonía interna, y conectividad a otras personas y al universo entero desde los aspectos más elevados de uno mismo. Son esos momentos mágicos de claridad mental e intuición, sentimientos de amor, agradecimiento, compasión, tolerancia y perdón, los que frecuentemente se asocian a experiencias transpersonales y constituyen las claves de la espiritualidad y la consciencia.
Vivir en coherencia quiere decir tener la capacidad de escoger lo bueno de cada momento, orientarse hacia lo bello que cada situación encierra y captar lo verdadero del mensaje que la vida nos está ofreciendo. Vivir en coherencia es tan fisiológico como el acto de caminar de manera armónica o de respirar de forma fluida. Vivir en coherencia quiere decir ser capaz de percibir el entorno, sentir su significado y encontrar la forma de responder al mensaje. En definitiva, la coherencia psicofisiologica es el correlato interno de la experiencia espiritual. Es la coordinación que consigue alinear el sentir con el pensar y el actuar. Es la integración acumulan los recuerdos que permite el estado de salud pleno en todas sus facetas. Es el equilibrio mente/corazón, que a la vez que sube el corazón a la cabeza para conseguir un pensamiento amoroso, baja el cerebro al corazón para dotarlo de un amor inteligente.




6. La memoria celular
Algunos investigadores han tratado de encontrar sentido al canibalismo humano en la posible creencia de que la sabiduría u otras capacidades de la persona pudieran ser transmitidas a través de la ingestión de algunos de sus órganos. Curiosamente los antropólogos han mostrado que el impresionante desarrollo del intelecto del Homo Sapiens hace 800.000 años coincide con la instauración de estas prácticas, y hoy día, varias universidades han mostrado que algunos animales, desde gusanos hasta roedores, son capaces de adquirir moléculas de la memoria tras la ingesta de sus congéneres con ciertos aprendizajes. El ser humano no se queda atrás, e ingiere diferentes órganos animales con la intención de adquirir longevidad o capacidad sexual, valor o cualquier otra propiedad atribuida al fiero o al viril animal. Tras cientos de estudios fisiológicos y muchos cerebros brillantes poniendo todo su empeño, a día de hoy desconocemos en qué zona del cerebro se acumulan los recuerdos. Ciertamente se han identificado estructuras que participan en el proceso, fundamentalmente hipocampo, tálamo y lóbulo temporal, pero no parece existir un disco duro que almacene el material para recordar. La doctora Candace Pert, autora de Moléculas de Emoción, ha llegado a la conclusión de que es inútil establecer una distinción entre el cerebro y el cuerpo a este respecto, porque todas las células del organismo se comunican a través de unas pequeñas moléculas conocidas como neuropéptidos, contrapartida bioquímica de la memoria, la emoción y el pensamiento, una especie de sistema de información integrado mediante el cual cada órgano o célula del organismo conoce qué es lo que está pasando en el resto. En el cerebro hay más de 60 neuropéptidos, como las famosas endorfinas, que permiten la comunicación intercelular, el envío de mensajes del cerebro a las células del resto del cuerpo, y del cuerpo al cerebro. Propongo al lector que suponga solo por un momento que el cerebro no sea el único lugar donde queden ancladas nuestras memorias. Planteemos la posibilidad de que nuestra historia personal, nuestro aprendizaje cultural y nuestra carga ancestral hayan sido conducidos desde los órganos de la percepción, la emoción y el pensamiento, esto es, desde el cerebro reptil, mamífero y humano, hasta cada célula de nuestro cuerpo. Supongamos que las moléculas de la información de nuestros sistemas fisiológicos de equilibrio u homeostasis, los sistemas nervioso, endocrino e inmune, hayan encarnado nuestras vivencias en la configuración de receptores de membrana y en la activación epigenética de cada una de nuestras células, constituyendo una auténtica red psicosomática engarzada estrechamente en todos los órganos del cuerpo. Supongamos que esos patrones de creencias y experiencias, conscientes e inconscientes, se encuentran almacenados en cada una de nuestras células, que como símbolos del tiempo, acumulan dicha información. Pues bien, a esto llamaremos “la memoria celular”. 
La memoria es la impresión que produce cada vivencia en cada uno de los niveles del ser: material, como en los músculos o las moléculas; energético, como el patrón de vibración ne ronal; informacional, como el significado del recuerdo de aquella experiencia; y de conciencia, al extraer el sentido profundo de la experiencia. La rememoración del recuerdo activa determinado patrón neurobiológico y su correspondiente acción fisiológica, viva en todo el organismo, no solo en el cerebro. El recuerdo se enmarca dentro de una composición química molecular y un patrón de vibración electromagnético. Visto así estaríamos concibiendo nuestro organismo como un ente holográfico. Un holograma inteligente que almacena nuestra experiencia global y holística en cada una de sus células. La impronta electromagnética de cada vivencia deja su sello energético en cada tejido, órgano y célula, que cuenta con los mecanismos adecuados para recoger dicha información, en realidad haces de luz y sonido que impactan sobre los átomos de nuestra constitución. Y es así como toda esa información física, emocional, mental y espiritual queda embebida dentro del holograma de nuestro ser. Una condensación energética que vemos y tocamos en nuestro cuerpo físico denso que no es otra cosa que el reflejo de nuestro cuerpo energético vibrante cual nota musical resonando en el universo. La matriz extracelular o sistema de Pischinger es el nexo de unión entre todas las células de un órgano o todos los tejidos del organismo. Las células eliminan sus desechos tóxicos a dicha matriz y recogen de allí nutrientes, moléculas y estímulos nerviosos. Pero si nos elevamos del nivel de la materia y vibramos en el de la energía, las células recogen experiencias, vivencias y creencias en código vibracional, se alimentan de emociones y pensamientos, inasibles e invisibles, y una vez que estos son descartados y reemplazados en el proceso de aprendizaje que es la vida, son desechados a esa otra matriz más sutil, etérica, que tanto nutre como elimina los desechos de la función vibracional celular. Y vamos contemplando ya el mapa del campo energético, portador de la vibración que llamamos memoria. Para la medicina oriental, cada órgano o glándula resuena con una o más emociones, uno o más patrones energéticos e informacionales característicos. Por eso, un trauma emocional determinado produce un desequilibrio en un órgano o glándula concreto, especialmente receptivo, y entonces cada patrón de toxicidad emocional se asocia a determinada patología, como la ira al hígado o el miedo a los huesos. Para Gary Schwartz, los órganos almacenan energía e información de la misma forma que lo hacen una fruta, un vegetal o cualquier otro ente. Esa infoenergía almacena información física, mental, emocional y espiritual, que recoge toda la experiencia e historia individual, la información genética propia y hasta la herencia ancestral de generaciones pasadas. Nada de lo que experimentamos escapa de quedar grabado y encarnado en cada una de nuestras células y tejidos, constituyéndose así el holograma celular. La suma de memorias celulares indi- viduales conforma la base de datos o archivos de información que almacena nuestras ex- periencias, dispuestas a ser recuperadas con el estímulo adecuado. Eso es lo que somos, de ahí procede nuestra forma de pensar y esta es nuestra herramienta de interacción con el mundo y con los demás. 

7. Trasplante de corazón: ¿un trasplante de memorias?

Una niña sueña con el asesino de su donante y ayuda a la policía a su identificación y captura… una mujer empieza a interesarse en el sexo tras recibir el corazón de una prostituta… un repentino cambio de interés de la música clásica al rock duro tras recibir el corazón de un rockero… un cambio de dieta a los gustos del donante… un cambio violento de carácter tras recibir el corazón de un pandillero agresivo… la aparición de sueños aterradores tras recibir el corazón de un suicida… una lesbiana carnívora que se casa con un hombre y se hace vegetariana tras su trasplante procedente de una vegetariana heterosexual… la adquisición de habilidades pictóricas tras recibir el corazón de un pintor… una bailarina adopta andares de hombre y nuevas relaciones interpersonales al estilo de su donante… un niño cambia repentinamente su gusto por nadar al recibir el corazón de una niña ahogada… y así muchos cientos de casos.
Hace ya cuarenta años que historias como estas se repiten una tras otra en pacientes trasplantados. La aparición de nuevas preferencias, gustos, habilidades, aversiones y actitudes propias del donante y desconocidas antes en el receptor ha dado lugar a la sugerencia de que el órgano trasplantado pudiera contener memorias codificadas procedentes del donante que puedan liberarse en el receptor. Paul Pearsall es un psiconeuroinmunológo fallecido recientemente que se hizo famoso tras publicar, entre muchos otros, un libro titulado El código del corazón. Allí expuso sus investigaciones sobre la transferencia de memoria del donante al receptor a través de órganos trasplantados, especialmente el corazón. La conclusión de su estudio no pudo ser más sorprendente: las células de los tejidos vivos trasplantados almacenan memoria y guardan la capacidad de recordar. Según el Dr Pearsall nuestro cerebro piensa tanto que no escuchamos la sabiduría de nuestro corazón. Gary Schwartz y Linda Russek, autores de otro libro, La energía viviente del universo, están convencidos de que los sistemas corporales almacenan energía e información que puede liberarse de manera consciente o inconsciente en el receptor de órganos trasplantados. Bruce Lipton, autor de Biología de las creencias, afirma que las células poseen receptores capaces de captar información del exterior en forma de radiación electromagnética, algo parecido a lo que hacemos al conectarnos a Internet y bajar in- formación a nuestro ordenador. Numerosos científicos de renombre, escritos, películas y documentales aportan información y datos acerca de la extraña posibilidad de que cada célula del organismo sea capaz de almacenar memoria y recordarla.
El ser humano representa la encarnación del tiempo pasado y la historia vivida. Ya hemos visto como la energía y la información generadas reposan en el seno de la materia celular. La callada vibración de la memoria espera paciente la llamada de la consciencia que la haga emerger. Ontogenia y filogenia, la historia personal y ancestral, se acumulan en el estado de receptores de membrana celular y la configuración genética nuclear. La carga bioeléctrica y bioplásmica celular es la base de datos bioinformática que sostiene los patrones comprimidos en la memoria celular. Es como si los receptores de algunos trasplantes, especialmente sensibles, fueran capaces de conectar con algunos aspectos de la historia personal de sus respectivos donantes, de sintonizar con la información almacenada en la matriz extracelular etérica de los tejidos trasplantados.
El corazón puede vivir sin el cerebro, pero el cerebro no puede vivir sin el corazón. Y con el corazón se trasplanta su propio pequeño cerebro, que determinará el funcionamiento del gran cerebro del receptor. El fuego del corazón desprende chispas de alegría, por eso un trasplante es una transfusión de vida a nivel energético, magnético y emocional. Si el corazón es capaz de pensar, sentir y recordar ¿será verdad que puede también almacenar memorias e incluso transmitirlas?. Gary Schwartz y Linda Russek han sugerido que cuando se da el proceso de rechazo, quizás no sea únicamente a los aspectos tisulares, sino también a los aspectos energéticos e informacionales almacenados en las células del órgano trasplantado. Hemos visto como la energía y la carga informativa que transporta, pueden ser transmitidas electromagnéticamente. El corazón del donante puede enviar dicha información al cerebro del receptor. Y esa información no es otra cosa que la memoria celular almacenada en él. Energía, información, memoria y consciencia… y ¡ya tenemos la ecuación!
El sistema nervioso actúa como una antena con capacidad de sintonizar y responder al campo electromagnético producido por el corazón, no solo el nuestro, sino también el de otras personas y animales
Algunos pacientes trasplantados con la suficiente sensibilidad pueden experimentar cambios personales que se encuentran registrados en la historia de sus donantes. Si bien esto ha sido especialmente estudiado y registrado en pacientes con trasplantes de corazón, lo cierto es que también parece encontrarse en trasplantes de órganos periféricos como riñón, hígado y hasta la córnea. Los estudios sistemáticos realizados sobre trasplantados de corazón encuentran una media de entre dos y cinco de dichos cambios, referidos a gustos alimentarios, música, arte, conducta sexual, recreacional y preferencias profesionales.
Pongamos un poco en orden lo dicho hasta aquí, quizás todavía podamos avanzar un poco más. Todas las células tienen energía y todas contienen y comparten información. Cada célula, bañada en un mar de infoenergía, es una representación holográfica completa de nuestro organismo energético. El corazón es su principal generador y estación central de recogida y emisión de memoria celular. Nuestros órganos y nosotros mismos, no somos otra cosa que la representación física, encarnada, de un conjunto recuperado de memorias celulares. Si algunos individuos pueden sintonizar con esta información de manera espontánea, sin pretenderlo, y hacerla consciente, es muy posible que muchos más puedan ser capaces de hacerlo desde una actitud receptiva y abierta, y más aún si intentan conseguirlo activamente. O incluso sin trasplante! Tú, querido-a lector-a, cada uno de nosotros, sin necesidad de haber recibido un transplante de corazón, recuperamos cada día nuestras propias memorias celulares. Cuando somos amados recibimos un trasplante de energía y cuando amamos damos la energía de nuestro corazón. Al decir te doy mi corazón compartimos una impresión infoenergética, un patrón sutil almacenado en nuestras células correspondiente al mapa del amor que quizás se extienda mucho más allá de la metáfora.
Las plantas, los árboles, los animales y los humanos, todos comparten un sistema básico de funcionamiento celular, un funcionamiento energético que sirve de base a la información que acoge la memoria que determina la conciencia celular. En los centros especializados, la información del cerebro es más individual, mientras que la del corazón, la memoria celular de todo el organismo, constituye una representación más universal y arquetípica. Las memorias celulares tienen lugar en un nivel cuántico, no local, y el fenómeno postrasplante podría ser considerado como una especie de reencarnación, esto es, la transferencia de memorias y personalidad de un individuo a otro, posible incluso sin la necesidad de un intercambio de tejidos.

8. Intuición 

La interacción entre el campo emocional de madre e hijo es esencial en el desarrollo del cerebro y el estado de salud de ambos. La consciencia colectiva del grupo es transmitida a cada uno de sus miembros a través de un campo energético de conexión socioemocional. La comunicación social no corresponde únicamente al intercambio de mensajes de tipo verbal o gestual corporal, sino que además se produce una auténtica comunicación energética que contribuye a la atracción o repulsión magnética entre individuos que todos tan bien conocemos, y que determinan los intercambios y las relaciones sociales. Ya hemos comentado la detección del electrocardiograma de una persona en el electroencefalograma de otra y la sincronización de ondas cerebrales de una persona con las del corazón de otra, lo cual ocurre más fácilmente cuando el ritmo cardiaco es coherente. El campo cardiaco afecta directamente la percepción de la intuición, captando información sutil, más allá de las fronteras del tiempo y el espacio, a través de la sintonía con el campo cuántico, que muestra que el corazón recibe información antes que el cerebro, incluso antes de que el evento suceda!! Quizás es a través de este campo de información como en estados normales o expandidos se puede acceder a estados de consciencia de totalidad. Decía Paul Pearsall que mientras que el cerebro piensa rápidamente y desde lo alto del cuerpo, identificando los límites, el corazón piensa lentamente y de forma conectiva, desde el centro de nuestro ser, reconociendo los límites como ilusiones de la conciencia. Los sistemas psicofisiológicos del cuerpo perciben la información generada por el efecto de la conciencia sobre el organismo. ¿Cómo recibe y procesa el organismo dicha información? Hoy sabemos por las investigaciones del Heart Math Institute que corazón y cerebro son capaces de captar y responder a la información intuitiva, pero sobre todo el corazón, que se adelanta al cerebro en esta tarea. Una vez más las investigaciones muestran que es el corazón el que modula los potenciales cerebrales que se generan en respuesta a los estímulos intuitivos percibidos. Es como si el corazón tuviera la capacidad de acceder a un campo de energía en donde reside la información de acontecimientos pasados, presentes y futuros, fuera de los códigos del tiempo y el espacio en cuyas coordenadas nos movemos habitualmente. Y el sistema nervioso actúa como una antena con capacidad de sintonizar y responder al campo electromagnético producido por el corazón, no solo el nuestro, sino también el de otras personas y animales. La habilidad de comunicación energética puede ser entrenada e incrementada de forma intencional, consiguiendo una comunicación más profunda a otros niveles, el no verbal, el de comprensión y la conexión interpersonal. 

9. Mente no local

Ian Stevenson, un psiquiatra de la Universidad de Virginia que, como Pearsall, murió hace ahora un par de años, pasó los últimos 50 coleccionando testimonios de niños que recuerdan memorias de vidas pasadas. Su extraordinaria y paciente labor ha conseguido establecer una base sólida de estudio y de investigación en un campo tan misterioso como desconocido. Los niños describen vidas recientes, con un intervalo medio entre la muerte del individuo previo y el nacimiento del niño de unos 16 meses, la mayoría de los cuales recuerdan muertes violentas o accidentadas. Hasta la fecha se han investigado unos 2500 casos repartidos por todo el mundo, algunos de los cuales recuerdan también memorias de eventos acaecidos entre las dos vidas, como su propio funeral o acontecimientos familiares posteriores a su muerte-nacimiento. Ciertamente la perplejidad inicial ante las sorprendentes historias de estos niños va dejando paso a un cuerpo de evidencia sobre la supervivencia de la conciencia después de la muerte, evidencia de que memorias, emociones e incluso traumas físicos en forma de marcas de nacimiento, permanecen de una vida a otra a través de un mecanismo que hoy por hoy nos resulta completamente desconocido.
Pero lo que Stevenson ha demostrado desde un punto de vista empírico es que la mente puede existir separadamente del cuerpo físico y sobrevivir a la muerte. ¿Pero cómo? Si todavía hoy el proceso de la consciencia sigue siendo inexplicable para legos y expertos, ¿cómo vamos a intentar comprender y estudiar las experiencias cercanas a la muerte, o la reencarnación? La cuestión de la vida después de la muerte sigue esperando mayor atención por parte de la ciencia, y quizás uno de los principales retos a los que la humanidad haya de responder.
Quizás si algún día el trasplante de cerebro resulta posible, de nuevo veremos este tipo de cambios de gustos y personalidad en el receptor, pero muy probablemente el mecanismo será el mismo que el ya descrito. El órgano del donante puede suministrar información al receptor a través de un mecanismo no local. El nexo entre donante y receptor podría ser el de la conciencia y no a través del tejido. Si la mente puede actuar independientemente del cerebro, también podría funcionar independientemente del resto de tejidos, incluyendo el corazón. Larry Dossey sugiere que quizás la conciencia del donante sintonice con la del receptor a través del mecanismo de la mente no local. En condiciones normales existen conexiones mentales no locales entre las mentes, especialmente en algunos tipos de interrelación como en el caso de las madres con sus hijos, de los enamorados, de los hermanos gemelos, o simplemente del perro que sabe cuándo vuelve su amo a casa antes de que abra la puerta. Para Doc Childre nuestro ADN es una antena capaz de sintonizar y de modular la información contenida en el vacío cuántico, un campo fuera del espacio-tiempo con capacidad de activar información epigenética dimensional que es transducida mediante una oleada de moléculas al organismo físico que lo encarna. Para Candace Pert, la mente no reside en el cerebro, sino que existe en todo el cuerpo. Ambos se comunican a través de las moléculas químicas que ella ha estudiado, los péptidos de la emoción, que se encuentran igual en el cerebro que en el estómago o en el músculo. Mi amigo más vegetariano está convencido de que lo mismo sucede con las moléculas de los alimentos, sean una planta o un animal, si bien los péptidos y hormonas del terror y el estrés de su muerte, corticoides y adrenalina, puedan ser parcialmente inactivados al cocinarlos. Rupert Sheldrake describe campos no físicos de información, que inciden sobre sistemas organizados capaces de descifrar su mensaje. Este es el mecanismo de funcionamiento del efecto no local del cuerpo, la mente y la consciencia. Religión y ciencia moderna, física cuántica y misticismo, el conocimiento ancestral de culturas milenarias y la neuroteología, todas ellas parecen ir convergiendo poco a poco hacia la concepción de un campo de información que conecta el mundo espiritual con nuestras propias consciencias.
Ciertamente, la sanación a distancia, la oración, la telepatía o la clarividencia no pueden ser explicados por la teoría electromagnética convencional. Necesariamente en estos procesos el mecanismo de transmisión de energía ha de ser de otra índole, más sutil. Los modelos propuestos hasta ahora recurren a la mente no local y suponen que un incremento en la coherencia de los campos electromagnéticos cardiacos pueden producir efectos no locales. El cerebro no es la mente. Lo que llamamos mente es en realidad una manifestación del flujo de energía que existe principalmente entre el corazón y el cerebro, en continuo desarrollo, influenciada por las interacciones con el mundo exterior e interior. Y a partir de ahí ya podemos recibir el regalo de la consciencia, esa emanación del cuerpo-mente conectada a una red no local. Y esto es lo que ocurre para Larry Dossey, que las conciencias del donante y receptor de un trasplante se unen permitiendo al último conectar a nivel no local con el primero, especialmente si el órgano trasplantado es el corazón, un órgano muy especial, con capacidad intuitiva, perceptiva, pensante y de conexión a nivel energético y no local.
Y entonces, ¿somos cuerpos con experiencias espirituales o espíritus encarnados?. La idea de que la materia produce la energía, está la información y esta la conciencia, se ajusta al camino de la evolución, aunque sea una evolución ampliada, que no solo incluya la biología sino también el espíritu, en busca de mayores niveles de conciencia, esa superconciencia que nos propusiera Teilhard de Chardin como noosfera, una colectividad armonizada de conciencias o punto omega. Pero el camino inverso, el de la involución, supone considerar que es la información el patrón de la forma y la estructura, y que es a través de la energía como se crea la materia. Esta es la alternativa a la memoria celular, la mente no local, que explica a la vez los fenómenos postransplante y la reencarnación, que implica la asunción que cada célula, tejido u órgano sirve como receptor de la información arquetípica ligada a la energía que contiene.
Quisiera acabar este escrito recordándote querido lector-a, la conveniencia de vivir desde el corazón. No podemos cabalgar nuestro corazón como un caballo desbocado en pos de metas imposibles. Pero si conducirlo con paso firme, con paciencia y serenidad, atentos y despiertos, como a lomos de un águila deslizándose por el cielo. Prestar atención al corazón no es una forma de hablar, hazlo físicamente, intencionalmente, céntrate en tu corazón a la hora de dar un abrazo, de mirar a los ojos o de superar una difícil situación. La inducción intencional de un estado emocional positivo, como puede ser el agradecimiento, aumentará tu coherencia cardiaca y armonizará el patrón de aferencia cardiaco hacia tus centros cognitivos y emocionales cerebrales. Y no solo eso… quizás consiga abrir un nuevo espacio de consciencia, allí donde una nueva luz ilumine el camino de regreso a ese paraíso perdido de donde nunca debimos salir.




Tomás Álvaro

Doctor en medicina, especialista en el estudio del sistema inmune y sus tu- mores. Estudioso del campo de la Medicina energética y vibracional. Medicina sintergética.

Licenciado en psicología clínica e interesado en el mundo de la psicología y la psicoterapia transpersonal. Científico e investigador del enfoque cuerpo-mente, de la psiconeuroinmunología y de una comprensión holística del ser humano.

Extraído: http://pranamanasyoga.es/la-conciencia-del-corazon/
Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...