LIBROS -

jueves, 4 de agosto de 2011

CREAR LA REALIDAD

El poder de las imágenes mentales: ¿Ficción o realidad?

Si las imágenes que tus palabras forman son parte del mecanismo que tu mente utiliza para atraer aquello que será parte de tu vida, como lo sugiere la ley de la atracción, tiene sentido descubrir que tanto es ficción y que tanto es realidad.

Diversos estudios han demostrado que las imágenes que formamos en la mente son tan poderosas que fácilmente logran provocar respuestas en el organismo. El origen de este fenómeno fue descubierto por Steven la Berge, doctor en psicología de la Universidad de Stanford, quien dirigió un gran número de experimentos que demostraron que una imagen en la mente activa el sistema nervioso de igual manera que lo haría llevar a cabo la acción correspondiente.

La Berge demostró que el cerebro era incapaz de distinguir entre una experiencia real y una experiencia vivamente imaginada. En otras palabras, si piensas en cualquier cosa y logras asociar con este pensamiento imágenes sensorialmente ricas en color, sabor, olor y emociones, tu sistema nervioso y tu cerebro no logran discernir si lo que estás experimentando está sucediendo en realidad o simplemente lo estás imaginando. Para tu mente es como si fuese realidad, así sólo lo estés imaginando.

John Roger, autor del libro: "Usted no puede darse el lujo de tener un pensamiento negativo", utiliza un ejemplo bastante interesante para ilustrar este punto, y quiero pedirte que sigas por un momento este ejercicio para que puedas apreciar el poder que un pensamiento puede tener sobre ti.

Varios estudios científicos han comprobado que existen conexiones directas entre la parte del cerebro donde guardamos imágenes mentales y la del sistema nervioso que controla actividades involuntarias como la respiración, el ritmo cardíaco y la presión arterial. Nuestro sistema nervioso, a su vez, está conectado con ciertas glándulas como la pituitaria -glándula responsable de la producción y liberación de hormonas que actúan en diferentes partes del cuerpo-, lo cual significa que una imagen puede, potencialmente, impactar a todas las células de nuestro cuerpo.

Por ejemplo, quiero pedirte que en la medida en que leas este párrafo, pienses en un limón, quiero que lo visualices y lo dibujes en tu mente lo más claramente posible. Busca asociar todo tipo de sensaciones con esta imagen. Si es necesario, para de leer por unos instantes para tratar de construir la mejor imagen mental de un limón que te sea posible. Trata de evocar su olor, textura y sabor. Dibuja en el telón de tu mente la imagen más clara que puedas tener de este limón. Ahora, imagínate tomando un cuchillo y cortando este limón en dos mitades. Visualízate sacando las semillas del limón con la punta del cuchillo. Tómalo, llévalo cerca de tu nariz y aspira el olor de ese limón recién cortado. ¿Puedes olerlo? Finalmente, quiero que te imagines exprimiendo todo su jugo en tu boca y mordiendo su pulpa.

No sé que te esté ocurriendo en este preciso instante, pero si realizaste el ejercicio, visualizando lo que te estaba describiendo, es posible que hayas experimentado la respuesta de tus glándulas salivares ante esta imagen.

¿Ves? Tus glándulas salivares responden a este pensamiento de un limón tal como si la acción descrita hubiese ocurrido. Este simple pensamiento ha ocasionado una respuesta fisiológica en tu organismo que para tu mente subconsciente tiene sentido, ya que la saliva producida tiene como objetivo neutralizar el ácido que contiene el limón. Esto demuestra que tu mente ha sido incapaz de reconocer que las imágenes que está procesando no representaban un hecho que estuviese ocurriendo sino que eran simplemente un hecho imaginario.

De la misma manera, si tienes hambre y piensas en un suculento plato de comida, tu estómago responde segregando jugos gástricos tal como si estuvieses comiendo. Ni siquiera necesitas ver la comida o percibir su olor para que esto suceda; el simple hecho de pensar en ésta hace que tu cerebro actué produciendo los ácidos gástricos que ayudarán a digerirla, lo que quiere decir que ha sido incapaz de reconocer que lo que está procesando es sólo una imagen y no la comida en si.

Seguramente, alguna vez has visto en una película de suspenso o de terror una escena en la cual un asaltante está a punto de atacar a otra persona. El cerebro te pone a ti en medio de esta situación que, de hecho, ya es rica en estímulos sensoriales puesto que la estás viendo y oyendo y no tienes que imaginarla. Tu cerebro envía mensajes a tu organismo que te hacen reaccionar como si en realidad estuvieses en medio de esta situación. De repente, tus manos comienzan a sudar, palideces y hasta el ritmo cardíaco puede subir. Así que como ves, las imágenes mentales tienen un gran poder de sugestión.

En otro estudio, se les pidió a un grupo de personas que imaginaran que iban a caminar del punto A al punto B, en una calle conocida por ellas. En este experimento, los participantes cerrarían los ojos, caminarían mentalmente dicho tramo; al llegar al punto B dirían "ya llegué" y abrirían sus ojos. A una parte del grupo se le pidió que imaginaran que iban a caminar dicho tramo cargando una bala de cañón en las manos, mientras que al segundo grupo se le pidió que caminaran la misma distancia cargando un libro.

Aunque parezca difícil de creer, el primer grupo tardó mucho más tiempo en recorrer mentalmente aquella distancia. ¿Por qué? El peso irreal de la bala de cañón que imaginaron cargar a lo largo de aquel tramo, les había hecho caminar mucho más lentamente que al segundo grupo. Lo interesante es que ellos no recibieron instrucciones para caminar más despacio ni tenían por qué haberlo hecho. Hubiesen podido optar por caminar normalmente o más rápido, pero su mente procedió de la única manera posible ante el hecho de cargar una pesada bala de cañón.

Todos estos ejemplos son señal de que tu cerebro ha sido incapaz de entender que éstas no han sido vivencias reales sino únicamente situaciones imaginarias.
Lo que quiero que entiendas de todos estos ejemplos es que tu cerebro piensa en imágenes y este poder de transformar las palabras en imágenes que logran afectar tus funciones fisiológicas, tus emociones y tus acciones, lo puedes utilizar para edificar tu éxito o para construir tu fracaso. Funciona igual de bien tanto para lo uno como para lo otro.

Los resultados de estos experimentos nos ayudan a entender de dónde proviene el poder del cual habla la ley de la atracción. Pero también nos presenta una importante responsabilidad, el prestar atención a las imágenes que puedan estar dibujando las palabras que utilizamos. Recuerda que tu diálogo interno puede convertirse en tu mejor aliado o en tu peor enemigo.

Cuando saboteamos nuestro éxito con nuestro propio diálogo mental

La persona promedio habla consigo misma, ya sea mentalmente o en voz alta, un total de catorce horas diarias. ¿Te puedes imaginar esto? Más de la mitad del día estás hablando contigo mismo. Virtualmente, durante cualquier actividad externa que realices, tu diálogo interno nunca se detiene. Este eterno diálogo mental entre tu consciente y tu subconsciente ocurre mientras conduces tu automóvil, cuando estás trabajando o descansando, comiendo, hablando, escuchando e, inclusive, durmiendo.

Siempre estás analizando el resultado de algo que hayas hecho con anterioridad: estás peguntándote que vas a hacer más tarde, revisando tus metas, juzgando y formándote opiniones de otras personas o criticando tu propio comportamiento.

Hablar con uno mismo, meditar, reflexionar, cavilar o cuestionarse, es una forma de programar y reprogramar nuestra mente, de afirmar nuestros valores, de establecer creencias o ideales acerca de diferentes situaciones o personas, o de formar opiniones acerca de nosotros mismos, de nuestro potencial o de nuestras debilidades.

Puesto que ese diálogo interno es el mecanismo mediante el cual programamos nuestra mente, y creamos la imagen mental del futuro que deseamos edificar, tiene sentido el prestar atención a lo que estamos haciendo con esas catorce horas diarias de diálogo mental.

Sorprendentemente, varias investigaciones han mostrado que más del 80% de este diálogo interno es negativo, pesimista, contraproducente y, seguramente, nos impide utilizar nuestro verdadero potencial.

Leíste bien, la gran mayoría de nosotros se encarga de sabotear su propio éxito con su diálogo interno. ¿Cómo? Muy fácil; estudiantes que van a presentar un examen o una prueba con la seguridad de que no la van a aprobar; personas que se presentan a una entrevista de trabajo con la absoluta certeza de que no serán aceptados; vendedores que visitan a sus clientes para presentarles un nuevo producto, pero inconscientemente están seguros que serán rechazados.

Tan absurdo como pueda parecer, muchas personas emplean gran parte de su día pensando en cientos de problemas que aún no han sucedido, pero pueden llegar a suceder, repasando mentalmente sus debilidades, recordando errores pasados y caídas, ensayando una y otra vez los fracasos que desesperadamente buscan evitar, o peor aún, interiorizando falsas creencias acerca de su propio potencial. Es increíble que tantas personas sean víctimas de este comportamiento irracional. Emplean casi la mitad de su día propinándose penosos castigos mentales que lo único que logran es mantenerlas atadas a la mediocridad de la cual quieren salir.

Recuerda que la ley de la atracción estipula que atraeremos hacia nosotros todo aquello en lo que concentremos nuestro pensamiento de manera constante y persistente. ¿Qué podemos atraer hacia nuestra vida si el 80% del tiempo lo dedicamos a enfocarnos en nuestras caídas, debilidades y temores? Curiosamente, gran parte del auto sabotaje ocurre de manera inconsciente. No lo hacemos porque deseemos hacernos daño. Es más, en muchas ocasiones es el resultado de buenas intenciones.

Un ejemplo sobre cómo nuestra mente puede convertirse en nuestro peor enemigo es observando lo que sucede habitualmente cuando estamos empeñados en que algo salga excepcionalmente bien. Generalmente, comenzamos a pensar en lo que tenemos que hacer para que todo salga bien y, de paso, pensamos en todo lo que no debemos hacer. Lo curioso es que entre más pensamos en lo que no debemos hacer, más fuerza gana esta imagen en nuestra mente. Es como si entre más dijéramos "no podemos equivocarnos en tal cosa", más nos visualizáramos equivocándonos. De repente nos invade el pánico ante la inminente posibilidad de equivocarnos, que ahora aparece más real que nunca.

Es común ver éste comportamiento entre aquellos que deben hablar frente a un grupo de personas, especialmente si es de manera inesperada. Hablar en público es uno de los mayores temores de la persona promedio. Tanto es así que para muchos, el hacerlo, se encuentra más arriba que el temor a la muerte en su lista de miedos ¿Te puedes imaginar esto? Ellos aseguran que preferirían morir antes de tener que hablar en público. No es una exageración; trata de obligarlos a hablar en público y te darás cuenta del temor tan aterrador que les produce esta idea. Su estado mental cambia instantáneamente, comienzan a sudar, se les aceleran los latidos del corazón, se les debilitan las piernas al punto que muchos de ellos llegan a desmayarse.

En cierta ocasión, en una de mis conferencias sobre la comunicación efectiva, le dije a la audiencia que en unos minutos iba a escoger a una persona para pasar al frente del escenario a hablarnos sobre lo que hacía en su trabajo. Después de unos minutos comencé a caminar hacia ellos, pretendiendo buscar al afortunado voluntario que tendría que hablar ante las 600 personas que se encontraban presentes. Después de un momento, paré la búsqueda y anuncié que no llamaría a nadie y que mi verdadero propósito era que analizáramos las reacciones iniciales que experimentaron en su mente cuando hice el anuncio.

Algunas personas confesaron estar felices de poder participar y hasta levantaron la mano para que los escogiera a ellos. Sin embargo, muchos confesaron que habían comenzado a rezar para que no fueran ellos las víctimas; algunos experimentaron tal estado de pánico que llegaron a pensar en retirarse del salón, inventarse una salida repentina al baño o esconderse bajo la mesa.

A estas personas les pregunté: "¿Qué pasó por tu mente cuando hice aquel anuncio?" Algunos de ellos me confesaron que inmediatamente después de haberlo escuchado, ya habían construido imágenes en su mente en las que veían sus piernas temblando, sus manos sudorosas y sus rostros pálidos. Se veían hablando incoherentemente ante 600 extraños, olvidando hasta su nombre sin encontrar cómo articular la más sencilla de las ideas.

Algunos describían cómo, entre más se repetían a sí mismos "¡no me van a temblar las piernas! ¡No me van a temblar las piernas!, más veían sus piernas temblando. Y de esta misma manera, millones de personas sabotean cada día sus posibilidades de éxito. Sin quererlo, visualizan todo lo que puede salir mal, que es precisamente lo que quieren evitar. Pero entre más piensan en ello, más reales se vuelven estas imágenes. De repente, comienzan a escuchar voces internas que les dicen: "¿Qué vas a hacer? ¿Se te olvidó lo pésimo que eres hablando en público? ¡Vas a hacer el ridículo! ¿Has olvidado aquella ocasión en que tu mente se quedó en blanco y por poco te desmayas?" Todas estas imágenes, producto de su diálogo interno, no sólo no les permiten hacer un buen trabajo, sino que reafirman aún más profundamente la idea de que no sirven para hablar en público.

No sé si te has encontrado alguna vez en una situación similar, cuando debido al diálogo interno errado, tú mismo te has encargado de poner en tu mente programas mentales que te limitan, te paralizan y te hacen sentir incapaz. El resultado de este círculo vicioso es por lo general una pobre autoestima y la atracción de todo aquello que buscábamos evitar. Así que vale la pena detenernos a pensar qué clase de imágenes estamos dibujando en nuestra mente y en la mente de los demás con nuestro diálogo interno y externo.

Si le decimos a un niño que es "un fracasado" o "un bueno para nada", ¿qué clase de imágenes formará este niño en su mente? y, más importante aún, ¿cómo lo afectarán dichas imágenes? Muchos padres prestan poca atención a esto sin pensar que sus palabras son órdenes que tienen la capacidad de programar la mente de sus hijos. Así que mantén siempre presente la relación palabra-imagen, porque esta relación te afecta y muchas veces puede ser la semilla de una pobre autoestima.

Muchas personas generan imágenes internas de fracaso y escuchan voces interiores que les recuerdan constantemente sus debilidades; dos procesos mentales que los conducen por adelantado al fracaso porque los obligan a visualizar precisamente lo que no desean.

¿Ves los efectos tan devastadores que pueden tener estas imágenes que nosotros mismos hemos creado con nuestro diálogo interno? Esta es quizás una de las consecuencias más significativas de la ley de la atracción: aquellas expectativas que nos encargamos de formar en nuestra mente terminan siendo profecías hechas realidad.


de la Web


EL MISTERIO DE LAS RELACIONES - OSHO





Amado Osho, ¿podrías hablamos sobre nuestros compañeros de vida: nuestras esposas, nuestros maridos y nuestros amantes? ¿Cuándo debemos perseverar con un compañero, y cuándo tendríamos que abandonar una relación porque no hay esperanzas, o porque es destructiva?

¿Están nuestras relaciones influenciadas por vidas anteriores?

La relación es uno de los misterios. Y, como existe entre dos personas, depende de ambas. Cuando dos personas se encuentran, se crea un mundo nuevo. Con sólo reunirse, un nuevo fenómeno adquiere existencia, sin haber estado antes, sin haber existido nunca antes. Y, a través de ese nuevo fenómeno, ambas personas cambian y se transforman.

Sin relaciones, eres una cosa; con relaciones, te transformas de inmediato en otra cosa. Algo nuevo ha sucedido. Una mujer, al convertirse en amante, ya no es la misma mujer. Un hombre, cuando es padre, ya no es el mismo hombre. Un niño nace, pero dejamos completamente de lado un punto: en el momento en que nace el niño, también nace la madre. Ésta no existía antes. Existía la mujer, pero no la madre. Y la madre es algo absolutamente nuevo.

La relación es creada por ti, pero luego, a su vez, la relación te crea a ti. Dos personas se encuentran; esto quiere decir que dos mundos se encuentran. No es algo simple, sino muy complejo, de lo más complejo. Cada persona es un mundo en sí misma, un complejo misterio, con un largo pasado y un eterno futuro.

Al comienzo, sólo se reúnen las periferias. Pero, si la relación gana intimidad, se torna más cercana, más profunda, entonces, poco a poco, comienzan a unirse los centros. Cuando se unen los centros, se denomina amor. Cuando se encuentran las periferias, hablamos de “conocidos”. Muchas veces comienzas por llamar amor a tu “conocido”. Estás entrando en una falacia. Ese conocimiento no es el amor.

El amor es muy raro. Llegar al centro de una persona es pasar por una revolución interior porque, si quieres acceder al centro de una persona, tendrás que permitir que también ella acceda a tu centro. Deberás volverte vulnerable, absolutamente vulnerable, abierto. Es un riesgo. Permitir que alguien acceda a tu centro es riesgoso, peligroso, porque nunca sabes qué te hará esa persona. Y, una vez que se conocen todos tus secretos, una vez que lo que ocultas se descubre, una vez que estás completamente expuesto, nunca sabes qué te hará la otra persona. Hay temor allí: por eso nunca nos abrimos.

Con sólo tener un “conocido”, pensamos que el amor se ha producido. Se unen sólo las periferias y creemos que nos hemos reunido. Tú no eres tu periferia. En realidad, la periferia es el límite en el cual terminas, sólo la cerca que te rodea; no coincide contigo. La periferia es el lugar donde tú terminas y el mundo comienza. Hasta los maridos y las esposas que han vivido juntos muchos años pueden no ser más que conocidos. Pueden no haber conocido al otro por completo. Y, cuanto más tiempo vives con alguien, tanto más olvidas que los centros no se han conocido.

Entonces, lo primero que es necesario comprender es que no hay que confundir el conocimiento con el amor.

Puedes hacer el amor, puedes tener un vínculo sexual, pero el sexo también forma parte de la periferia. Si los centros no se encuentran, el sexo es sólo la reunión de dos cuerpos, y el encuentro de dos cuerpos no es tu encuentro. Así, el sexo no es sino una relación de conocimiento: física, corporal, pero relación de conocimiento únicamente puedes permitirle a alguien acceder a tu centro cuando no estás asustado y no sientes pánico.

Entonces, te digo que hay dos tipos de vida: una, guiada por el miedo; otra, guiada por el amor. La vida que se guía por el miedo nunca puede conducirte a una relación profunda. Permaneces asustado, y al otro no se le puede permitir, no se lo puede autorizar a llegar hasta tu mismo centro. Dejas que el otro llegue hasta un punto, y luego se levanta una pared y todo se detiene.

La persona que se guía por el amor es el religioso. Una persona guiada por el amor es alguien que no le tiene miedo al futuro, que no le teme al resultado ni a las consecuencias, alguien que vive aquí y ahora.

Por eso, Krishna le dijo a Arjuna en el Gita: “No te preocupes por el resultado. Eso es lo que hace una mente, en este contexto, es conocimiento superficial, trato social, mera cercanía física que se guía por el miedo. No pienses en qué resultará de ello. Sólo quédate allí y actúa en forma íntegra. No calcules. Un hombre que se guía por el miedo está permanentemente calculando, planificando, haciendo arreglos, protegiéndose. Y así malgasta toda su vida.”

He oído la historia de un viejo monje zen. Estaba en su lecho de muerte. Había llegado su último día, y declaró que esa noche dejaría de existir. Entonces, los seguidores, los discípulos, los amigos comenzaron a llegar. Se reunía gente de lugares lejanos y remotos.

Uno de sus viejos discípulos, al oír que el maestro iba a morir, corrió al mercado. Alguien preguntó:

-El maestro está muriendo en su cabaña, ¿por qué corres hacia el mercado?

El viejo discípulo dijo:

-Sé que a mi maestro le encanta cierto tipo de tortas; así que se la voy a comprar.

Fue difícil encontrar esa torta, porque ya no estaba de moda, pero a la noche, de alguna manera, la había conseguido. Llegó corriendo con la torta. Y todos estaban preocupados: el maestro parecía estar esperando a alguien. Abría los ojos, miraba y volvía a cerrarlos. Y, cuando llegó el discípulo, dijo:

-Bien, has llegado. ¿Dónde está la torta?

El discípulo sacó la torta, y se puso muy contento cuando el maestro preguntó por ella. Agonizando, el maestro tomó la torta en la mano, pero su mano no temblaba. Estaba muy viejo, pero la mano no le temblaba.

Entonces, alguien preguntó:

-Estás muy viejo y estás a punto de morir. Estás por exhalar tu último aliento, pero ¿no te tiembla la mano…?

El maestro respondió:

-Yo nunca tiemblo, porque no tengo miedo. Mi cuerpo se volvió viejo, pero yo aún soy joven, y seguiré siéndolo aun cuando el cuerpo ya no esté.

Entonces, dio un mordisco y comenzó a masticar la torta. Y entonces alguien inquirió:

-¿Cuál es tu mensaje, maestro? Nos dejarás pronto. ¿Qué quieres que recordemos?

El maestro sonrió y dijo:

-¡Ah! Esta torta es deliciosa.

Éste es un hombre que vive en el aquí y ahora. El momento siguiente carece de significación. En este momento, la torta está deliciosa.

Si puedes estar en este momento, en este presente, con plenitud, sólo entonces podrás amar. El amor es un florecimiento extraño. Sólo sucede de vez en cuando. Millones y millones de personas viven con la falsa actitud de ser amantes. Creen que aman, pero se trata sólo de su creencia.

El amor es un florecimiento raro. A veces, sucede. Es raro porque sólo puede producirse cuando no hay temor; nunca antes. Esto quiere decir que el amor puede ocurrirle sólo a alguien profundamente espiritual, a alguien religioso. El sexo es posible para todos; el conocimiento es posible para todos. Pero no el amor.

Cuando no tienes miedo, no hay nada que ocultar. Entonces, puedes estar abierto, puedes retirar todas las fronteras y puedes invitar al otro a entrar hasta tu centro mismo. Y recuerda: si permites que alguien penetre en ti tan profundamente, el otro te dejará penetrar en él o en ella pues, cuando le abres la puerta a alguien, se genera confianza. Cuando no tienes miedo, el otro pierde los temores.

En tu amor, siempre hay miedo. El marido teme a la esposa, y la esposa le teme al marido. Los amantes siempre están temerosos. Entonces, no se trata del amor, es sólo un acuerdo entre dos personas temerosas que dependen la una de la otra, peleando, explotando, manejando, controlando, dominando, poseyendo. Pero no es el amor.

El amor es difícil. Es necesario deshacerse del miedo. Y esto es lo extraño: que estás tan asustado y no tienes nada que perder.

Kabir dijo en alguna parte: “Analizo a la gente. Están muy asustados, pero no llego a entender por qué, dado que no tienen nada que perder.”

Dice Kabir: “Son como alguien que está desnudo, pero que nunca toma un baño en el río, porque le da miedo: ¿Dónde secará su ropa? Ésta es la situación en la que te encuentras: estás desnudo, sin ropa, pero siempre te preocupas por la ropa.”

¿Qué tienes para perder? Nada. Este cuerpo te será arrebatado por la muerte. Antes de que la muerte te lo quite, bríndalo al amor. Todo lo que tengas te será quitado por la muerte. Antes de que te lo saquen, ¿por qué no compartirlo? Es la única manera de poseerlo. Si eres capaz de compartir y de dar, eres el maestro. Te lo van a quitar. No hay nada que puedas retener para siempre. La muerte lo destruirá todo.

Entonces, si me sigues bien, la lucha es entre la muerte y el amor. Si puedes dar, no habrá muerte. Antes de que puedan quitarte algo, ya lo has brindado, habrás hecho un regalo.

No puede haber muerte. Para un amante, no hay muerte.

Para alguien que no es amante, cada momento es muerte, porque en todo momento algo le es arrebatado. El cuerpo va desapareciendo, y él pierde en cada instante. Y luego llegará la muerte y todo será aniquilado.

¿Qué es el temor? ¿Por qué estás tan asustado? Aunque todo se sepa de ti y seas como un libro abierto, ¿por qué temer? ¿Cómo puede hacerte mal? Sólo falsas concepciones, sólo condicionamientos sociales: que tienes que esconder cosas, que tienes que protegerte, que tienes que tener una actitud constantemente hostil, que todos son enemigos, que todo el mundo está en contra de ti.

¡Nadie está en contra de ti! Aun cuando sientas que alguien está en contra de ti, tampoco lo está, pues todas las personas se preocupan por sí mismas, no por ti. No hay nada que temer. Tienes que descubrir esto antes de que pueda aparecer una relación auténtica. No hay nada que temer.

Medita acerca de ello. Y, después, permite que el otro entre en ti, invítalo. No crees barreras en ninguna parte; vuélvete un pasadizo siempre abierto, sin cerraduras, sin puertas, sin puertas cerradas. Así, el amor se hace posible.

Cuando se reúnen dos centros, hay amor. El amor es un fenómeno químico; igual que cuando se unen el hidrógeno y el oxígeno, y se crea algo nuevo: el agua. Puedes tener hidrógeno, puedes tener oxígeno pero, si tienes sed, no te servirán de nada. Puedes tener todo el oxígeno que quieras, todo el hidrógeno que quieras, pero la sed no se te pasará.

Cuando se reúnen dos centros, se crea algo nuevo. Eso nuevo es el amor. Es igual al agua. La sed de muchas, muchas vidas, se satisface. De repente, te pones contento. Ése es un índice visible del amor: te pones contento, como si hubieras conseguido todo. No hay nada que lograr ahora; has alcanzado el objetivo. No hay más objetivos, el destino se ha cumplido. La semilla se ha transformado en flor: su florecimiento fue completo.

Un contento profundo es el signo visible del amor. Cada vez que una persona está enamorada, está profundamente contenta. El amor no se puede ver sino a través del contento, la profunda satisfacción que lo rodea… su misma respiración, cada uno de sus movimientos, su existencia misma: alegre.

Tal vez te sorprenda que afirme que el amor te deja sin deseo, pero que el deseo va con descontento. Deseas porque no tienes. Deseas porque piensas que, si tuvieras algo, serías feliz. El deseo se genera en el descontento. Cuando hay amor, y dos centros se encuentran, se disuelven y se fusionan, y nace una nueva sustancia química, hay alegría. Es como si toda la existencia se hubiera detenido: no hay movimiento.

Entonces, el momento presente es el único momento. Y entonces puedes decir: “¡Ah! Esta torta está deliciosa.”

Ni siquiera la muerte significa nada para un hombre enamorado.

Por eso te digo que el amor te dejará sin deseo. No tengas miedo, abandona tus temores, ábrete. Permite que otro centro acceda a tu centro interior. Renacerás a través de ello, se creará una nueva cualidad del ser. Si hay amor allí, tendrás verdaderamente por primera vez la sensación de que la existencia es divina y de que todo es una bendición. Pero hay que hacer mucho antes de que esto pueda suceder. Hay mucho que destruir antes de que esto pueda suceder. Debes destruir todo lo que genera barreras en ti.

Haz del amor un sadhana, una disciplina interior. No dejes que sea sólo algo frívolo. No permitas que se transforme sólo en una ocupación de la mente. No permitas que se vuelva únicamente una satisfacción corporal. Haz de él una búsqueda interior, y toma al otro como un ayudante, como un amigo.

Si has oído algo acerca del Tantra, sabrás que dice: “Si puedes encontrar un compañero, un amigo, una mujer o un hombre que esté dispuesto a desplazarse contigo hacia el centro interior, que esté dispuesto a llegar contigo al pico más alto de la relación, entonces esta relación se volverá meditativa. As!, a través de esta relación, alcanzarás la última relación. Entonces, el otro se transforma en una puerta.”

Déjame explicarlo: si amas a una persona, primero desaparece poco a poco la periferia de la persona, desaparece la forma de la persona. Te acercas cada vez más al interior, que no tiene forma. Poco a poco, la forma se torna vaga y desaparece. Y, si llegas a más profundidad, incluso este individuo sin forma comienza a desaparecer y a fundirse. Entonces, se abre el más allá. Así, ese individuo particular era sólo una puerta, una apertura. Y, a través de tu amado, encuentras lo divino. Por no poder amar, necesitamos tantos rituales religiosos. Son sustitutos, y sustitutos muy pobres. Una Meera no necesita un templo adonde ir. La existencia toda es su templo. Ella puede danzar ante un árbol, y éste se transforma en Krishna. Ella puede cantar ante un pájaro, y éste se vuelve Krishna. Ella crea su Krishna a su alrededor en cualquier parte. Su amor es tal que, mire adonde mire, se abre la puerta y se revela el Krishna, el ser amado se revela.

Pero la primera vislumbre siempre llega a través de un individuo. Es difícil estar en contacto con lo universal. Es tan grande, tan vasto, tan sin comienzo y sin final: ¿por dónde empezar? ¿Por dónde ingresar? El individuo constituye la puerta de entrada. Enamórate. Y no lo transformes en una lucha. Ten una gran indulgencia para con el otro, que sea sólo una invitación.

Permite que el otro entre en ti sin condicionamientos, y de repente el otro desaparece y Dios está allí. Si tu amante o tu amado no puede tornarse divino, entonces nada en el mundo puede volverse divino.

Así que no es una cuestión del hombre y la mujer únicamente. Ésa es una de las fuentes más profundas de lo divino, y es a la que accedes naturalmente, pero puede suceder desde otras fuentes. La clave fundamental es ésta: debes permitir que el otro ingrese hasta tu centro más profundo, al fundamento mismo de tu ser.

Pero nos seguimos engañando. Pensamos que amamos. Y, si piensas que amas, no hay posibilidad de que el amor se produzca: porque, si esto es el amor, entonces todo está cerrado. Haz nuevos esfuerzos. Trata de encontrar en el otro el ser real que está oculto. No tomes a nadie por seguro. Cada individuo es un misterio tal que, si sigues incursionando más y más en él, no tiene fin.

Pero nos aburrimos del otro, porque sólo la periferia, y siempre la periferia…

Estuve leyendo un relato. Un hombre estaba muy enfermo y probó todos los tratamientos posibles, pero nada le daba resultado. Entonces, acudió a un hipnotizador y éste le dio una oración, un mantra para repetir constantemente: “No estoy enfermo.” Durante al menos quince minutos por la mañana y quince minutos por la noche: “No estoy enfermo, estoy sano.” Y todo el día, siempre que lo recordara, debía repetirlo.

Después de unos días, comenzó a mejorarse. Y, en el lapso de unas semanas, estaba absolutamente bien.

Entonces, le contó a su mujer:

¡Esto fue un milagro! ¿Debería ir al hipnotizador por otro milagro más? Porque últimamente no siento apetito sexual, y la relación sexual prácticamente ha desaparecido. No hay deseo.

La mujer se puso contenta. Le dijo que fuera, ya que se sentía muy frustrada.

El hombre fue al hipnotizador. Volvió y su mujer le preguntó:

-¿Qué mantra, qué sugestión, te ha dado ahora?

El hombre no le respondió pero, en el lapso de unas semanas, su apetito sexual comenzó a retornar: comenzó a sentir deseo nuevamente.

La mujer estaba muy intrigada. Ella continuamente insistía con la pregunta, pero el hombre se reía y no decía nada. Entonces, un día (mientras él estaba en el baño, una mañana, haciendo su meditación, su mantra de quince minutos), intentó escuchar lo que decía.

Él decía:

-No es mi esposa, no es mi esposa, no es mi esposa.

Tenemos a la gente como algo seguro. Si alguien es tu esposa, se acabó la relación. Si alguien es tu esposo, se acabó la relación. Ahora no hay aventuras. El otro se transforma en una cosa, una mercancía. El otro ya no es un misterio para ser descifrado, el otro ya no es nuevo.

Recuerda que todo muere con la edad. La periferia siempre es vieja, y el centro es siempre nuevo. La periferia no puede seguir siendo nueva, pues a cada momento envejece, se pone rancia. El centro está siempre fresco y joven. Tu alma no es la de un niño, ni un hombre joven ni un viejo. Tu alma sólo es eternamente joven: no tiene edad.

Puedes experimentar con ella. Puedes ser joven, puedes ser viejo: sólo cierra los ojos y averígualo. Trata de sentir cómo es tu centro: ¿viejo?, ¿joven? Percibirás que el centro no es ninguna de estas dos cosas. Siempre es nuevo, nunca envejece. ¿Por qué? Porque el centro no pertenece al tiempo.

En el proceso temporal, todo se vuelve viejo. Nace un niño: el cuerpo ya empieza a envejecer. Cuando decimos que un niño tiene una semana de vida, significa que una semana de vejez ha penetrado en su cuerpo.

El niño ya ha transitado siete días que lo acercan a la muerte, ha cumplido siete días hacia la muerte. Se está dirigiendo hacia la muerte: más tarde o más temprano, habrá de morir.

Cualquier cosa que sucede en el tiempo, envejece. Desde el momento en que ingresa en el vector del tiempo, ya está envejeciendo. Tu cuerpo es viejo, tu periferia es vieja. No puedes estar eternamente enamorado de ella. Pero tu centro es siempre fresco, es eternamente joven. Una vez que estás en contacto con él, el amor es un descubrimiento de cada momento. Y entonces la luna de miel nunca termina. Si finaliza, no era una luna de miel. Era sólo una relación entre conocidos.

Y lo último que hay que recordar es que, en la relación de amor, siempre culpas al otro si algo sale mal. Si algo no va como debiera, el otro es el responsable. Esto destruye toda posibilidad de crecimiento futuro. Recuerda que siempre eres responsable, y cambia. Despréndete de tus cualidades que generan conflicto. Haz del amor una autotransformación.

Como dicen en los cursos para vendedores: el cliente siempre tiene razón. Me gustaría decirte que, en el mundo de las relaciones y del amor, tú siempre te equivocas y el otro siempre tiene razón. Y esto es lo que sienten los amantes: algo anda mal en mí si las cosas no andan como debieran. ¡Y ambos sienten lo mismo!

Así, las cosas evolucionan, los centros se abren, las fronteras se funden. Pero, si piensas que el otro está equivocado, te estás cerrando a ti y al otro. Y el otro también piensa que tú te equivocas. Los pensamientos son contagiosos. Si piensas que el otro está equivocado (aun cuando no lo hayas dicho, aun cuando sonrías y demuestres que no crees que el otro esté equivocado), el otro lo percibe a través de tu mirada, a través de tus gestos, a través de tu cara. Aun cuando seas un actor, un gran actor, y puedas componer tu cara, tus gestos, como quieras, también entonces tu inconsciente estará emitiendo señales todo el tiempo.-“Estás equivocado.” Y, cuando dices que el otro está equivocado, el otro empieza a sentir que eres tú quien se equivoca.

En esta sacudida, se destruye la relación y entonces la gente se cierra. Si le dices a alguien que está equivocado, comienza a protegerse, a defenderse. Así, se cierra. Siempre recuerda que, en el amor, siempre te equivocas. Y así abrirás la posibilidad, y el otro también sentirá lo mismo. Generamos la sensación en el otro.

Cuando los amantes están cerrados, de inmediato los pensamientos empiezan a pasar de uno al otro. Aun cuando no digan nada, aun cuando permanezcan callados, se comunican, El lenguaje está para quienes no aman. Para los amantes, el silencio es suficiente como lenguaje. Sin decir nada, siguen dialogando.

Si tomas al amor como un sadhana, no digas que el otro está equivocado. Simplemente trata de buscar: en alguna parte de ti, debe haber algún error; y deshazte de ese error. Va a ser difícil, pues va en contra del yo. Va a ser difícil, porque va a herir tu orgullo. Va a ser difícil, porque no serás dominante, posesivo; no te tornarás más poderoso a través de la posesión del otro. Esto destruirá tu yo: por eso va a ser difícil. Pero la destrucción del yo es la meta, el objetivo. Por donde te acerques al mundo interior (a través del amor, a través de la meditación, a través del yoga, a través de las oraciones), cualquiera sea el camino que elijas, el objetivo será el mismo: la destrucción del yo, el abandono del yo.

A través del amor, se lo puede conseguir muy fácilmente, ¡y es tan natural! El amor es lo natural. Todo lo demás resulta cada vez más artificial. Si no puedes abrirte paso al amor, será difícil que puedas abrirte paso a cualquier otra cosa. No pienses mucho en el futuro. Con el presente, alcanza. No pienses que la relación viene del pasado. Viene del pasado, pero no pienses en ello, porque, te complicarás. Haz las cosas más sencillas.

Hay continuidad: las cosas tienen una continuidad respecto de tus vidas anteriores; así que no niego este hecho, pero tampoco me siento sobrecargado por su peso. Esta continuidad se prolongará en el futuro, pero no pienses en ello. El presente es más que suficiente. Mastica la torta y exclama: “¡Esta torta está deliciosa! No pienses en el pasado ni en el futuro; ellos se ocuparán de sí mismos. Nada es discontinuo. Tuviste relaciones en el pasado. Amaste, odiaste, hiciste amigos y enemigos. Esto se prolonga; lo sepas o no, siempre estará allí. Pero, si comienzas a meditar acerca de esto, dejarás de lado el momento presente.

Entonces, piensa como si no hubiera pasado y como si no hubiera futuro. Este momento es todo lo que te es dado. Calcula como si este instante fuera todo. Compórtate como si este momento fuera todo, y calcula cómo puedes transformar tus energías en un fenómeno de amor, en este mismo instante.

Lo importante es estar aquí y ahora y encontrar tu camino. Si puedes encontrarlo a través de la relación, maravilloso. Si no puedes encontrarlo a través de la relación, encuéntralo en tu soledad. Éstos son dos caminos. El amor implica encontrar tu camino a través de la relación. La meditación, en soledad. El amor y la meditación: éstos son los dos caminos. Fíjate cuál es el que se adapta a ti. Luego, coloca todas tus energías en él y sigue ese camino.

Amado Osho, tus palabras son tan hermosas, que sentimos que otra comunicación se produce cuando nos hablas. ¿Te referirías a la comunicación silenciosa, y al modo en que podemos abrirnos a ella?

Siempre está allí. Mientras te hablo, también estoy “siendo” para ti. Conversar es relacionarme contigo a través del intelecto, y ser es relacionarme contigo con mi totalidad. Mientras me escuchas, si realmente estás escuchando, no se trata sólo de escuchar las palabras. Al escucharme, tu mente se detiene. Al escucharme, no estás pensando. Cuando no estás pensando, estás abierto. Y, cuando no estás pensando y tu mente no está en funcionamiento, comienzas a sentir. Entonces puedo abrumarte, puedo conmoverte y saciarte. Las palabras se utilizan sólo como un recurso.

Yo mismo no estoy muy interesado en las palabras. Pero tengo que hablar, pues ésta es mi sensación:
mientras hablo, tú permaneces callado. Si no hablo, sigues hablando por dentro y ya no estás en silencio. Si estuvieras en silencio sin que yo hablara, no habría necesidad de hablar. Estoy esperando el momento en que te sientes a mi lado, cerca de mí, sin pensar. Entonces no será necesario hablar, porque hablar es algo parcial.

Entonces puedo llegar a ti en mi totalidad, directamente, sin necesidad de que medien las palabras.

Pero, si te digo que te sientes en silencio a mi lado, no podrás sentarte en silencio. Continuarás charlando, seguirás hablando por dentro. Una conversación interior seguirá su curso. Para detener tu diálogo interior, tengo que hablarte, para que, mientras hablo, prestes atención. Mi charla es como el juguete que se le da a un niño, para que vaya y juegue con él, quedándose callado y absorto. Te ofrezco mis palabras como juguetes. Juegas con ellas y, mientras lo haces, estás tan absorto que te quedas callado. Cada vez que se produce el silencio, puedo fluir hacia ti.

Las palabras pueden ser hermosas, pero nunca pueden ser la verdad. La belleza constituye un valor estético. Puedes disfrutarla, al igual que puedes gozar de una bella pintura, pero no sucederá mucho a partir de este placer. Es bueno mientras dura. Pero las palabras nunca son la verdad: no podrían serlo, por su naturaleza misma. La verdad sólo puede ser comunicada en silencio. Pero ésa es la paradoja: aquellos que han insistido en que la verdad sólo puede ser comunicada en silencio, todos usaron palabras. Esto es una vergüenza, pero no se puede hacer nada al respecto. Es necesario usar las palabras para hacerte callar. El silencio es importante, y ese silencio te permitirá vislumbrar la verdad.

Aun si tienes vislumbres de verdad a través de mis palabras, esa vislumbre se produce a través de tu silencio y no de mis palabras. Aun si te sientes absolutamente seguro de que lo que digo es verdad, esa sensación de certeza absoluta proviene de tu silencio y no de mis palabras. Siempre que estás callado, allí está la verdad.

Siempre que mantienes un diálogo interior, el parloteo de mono continúa por dentro, pasas por alto la verdad que está siempre presente.

Cualquier cosa que yo haga (hablarte, ayudarte a meditar conmigo, forzarte a hacer catarsis, o convencerte de bailar, de festejar), cualquier cosa que yo haga tendrá un solo objetivo: ayudarte de alguna manera a que te calles pues, cuando estás en silencio, las puertas se abren: estás en el templo. El modo en que hagas silencio carece de importancia. Te quedas en silencio y entonces yo estoy dentro de ti y tú estás dentro de mí. El silencio no conoce fronteras. En el silencio, se produce el amor. Me he transformado en un amante para ti; tú te has vuelto un amante para mí. En silencio, ocurre todo lo que tiene significación. Pero producir el silencio es un arduo problema.

Por eso, no me interesa mucho lo que te digo. Me interesa más lo que te pasa cuando te digo algo, x, y, z. A veces, no dejo de contradecirme: hoy afirmo algo, y mañana digo otra cosa, porque lo que digo no es lo importante. Mis charlas no son más que poesía. No soy un filósofo. Tal vez sea un poeta, pero no soy un filósofo. Mañana diré otra cosa, y pasado mañana, otra distinta. Ése no es el punto. Mis afirmaciones pueden ser contradictorias, pero yo no soy contradictorio, porque hoy digo algo y te quedas callado; mañana afirmo algo totalmente contradictorio y te quedas callado; pasado mañana vuelvo a decir algo totalmente contradictorio (todo lo que he afirmado lo contradice), pero te quedas callado.

Tu silencio es mi coherencia. Soy coherente, siempre coherente: contradictorio en la superficie, pero la corriente interior sigue siendo la misma.

Y recuerda: si te digo lo mismo todos los días, no te quedarás callado. Te aburrirás y tu diálogo interior dará comienzo. Si sigo repitiendo lo mismo, esto se volverá viejo. Cuando algo es viejo, ya no necesitas escucharlo, o bien, aun sin escuchar, sabes lo que voy a decir, y puedes seguir con tu diálogo interior. Tengo que ser creativo al afirmar cosas, sorprendiéndote a veces. Pero una coherencia interna se mantiene: es para generar en ti el silencio, pues entonces puedo estar contigo y tú puedes estar conmigo. El amor, la verdad, pueden florecer allí.

Siempre que hay silencio, florece la verdad.

La verdad es un florecimiento del silencio.

Suficiente por hoy.

Mi Camino, El camino de las Nubes Blancas



💗